El enemigo número uno de Chevron | Vistazo

El enemigo número uno de Chevron

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El enemigo número uno de Chevron

Tristana Santos / [email protected] Sábado, 27 de Junio de 2015 - 10:36

Un juez federal de Estados Unidos dictaminó que Steven Donziger, abogado defensor de las comunidades amazónicas, es responsable de fraude en el juicio de Lago Agrio, pero él asegura que todo es parte del plan de la petrolera para desacreditarlo y no pagar.

Steven Donziger se defiende en español y en inglés, sereno y exaltado, y como buen abogado va refutando uno por uno todos los cargos que le imputan. El nombre del proceso legal en su contra describe la tremenda presión bajo la que está: Chevron vs Donziger. La segunda mayor petrolera del planeta demandó civilmente por fraude en Estados Unidos al abogado que tuvo la audacia de obtener en Lago Agrio una sentencia que la obliga a pagar 9,5 mil millones de dólares por la contaminación dejada en la Amazonía en 28 años de explotación petrolera.

Amparada en una ley que se usa para perseguir al crimen organizado (RICO, Racketeer Influenced and Corrupt Organizations Act), la petrolera logró incautar todos correos y documentos de Donziger, y miles de horas de video no usado en el documental “Crudo”, del cineasta Joe Berlinguer. En marzo de 2014, el juez Lewis Kaplan, de la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York, dictaminó que la sentencia ecuatoriana en contra de Chevron es inejecutable en Estados Unidos. El objetivo de la petrolera es que ese dictamen influencie a cortes de otros países donde los demandantes quieren incautar bienes de la petrolera, y también en la demanda comercial que presentó Chevron contra el Ecuador en la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya.

El último en la lista de problemas de Donziger es la publicación de “La Ley de la Selva”, un libro que relata el juicio RICO, cuyos derechos han sido adquiridos por la productora de Brad Pitt. Donziger, que ha estado en Ecuador 182 veces desde 2005, está seguro de que la sentencia en su contra se revertirá.

Por más de dos décadas usted ha sido parte del equipo de abogados que auspicia la demanda de las comunidades amazónicas contra Chevron, ¿cómo va el caso?
Esta es una lucha sin precedentes de ecuatorianos humildes, que ha inspirado al mundo. No es sobre Steven Donziger, aunque es personal porque el perpetrador es de mi país y busca impunidad. Texaco, hoy Chevron, vertió intencional y sistemáticamente miles de millones de galones de tóxicos en Ecuador; nunca lo ha hecho así en Estados Unidos. Miles de personas en el área han fallecido de cáncer. Las comunidades presentaron una demanda en 1993 y por fin en 2013 ganaron en las cortes de Ecuador, donde Chevron insistió que se manejara el juicio. Después de haber perdido, Chevron sigue tratando de difamar a las comunidades, a sus líderes, sus abogados, y todo el país incluso al Presidente y altos oficiales públicos. En Estados Unidos yo soy el enemigo numero uno de Chevron.

¿Hay algún esfuerzo coordinado con el gobierno ecuatoriano?
A veces hay comunicación, pero no hay coordinacion. Los casos son distintos. Chevron utiliza el sistema arbitral para presionar al Gobierno para que haga algo inconstitucional y acabe con los reclamos de sus ciudadanos. El gobierno no ha caído en esa trampa. Usted ha amenazado con demandar al autor del libro, “La Ley de la Selva”, Paul Barrett, pero no lo ha hecho, ¿por qué? Ese libro parcializado a favor de Chevron es un fracaso comercial. Es racista pues presume, como Kaplan, que Ecuador es un país de segunda clase, lleno de estúpidos incapaces de manejar un juicio contra una multinacional. Varios expertos internacionales han confirmado la validez de sistema jurídico de Ecuador y Chevron mismo ha ganado otros casos allí, pero a Barrett eso no le interesa. Estoy pensando demandar a Barrett aunque prefiero enfocarme en mi caso.

Barrett relata cómo el juez estadounidense Lewis Kaplan llegó a dictaminar que su equipo de abogados había cometido fraude.
Es una táctica clásica para distraer a la opinión pública. Barrett enfoca su libro en la decisión de un solo juez norteamericano de primera instancia que no habla español, no conoce la ley ecuatoriana, no leyó el expediente de 220 mil páginas del juicio de Lago Agrio, y además, tiene inversiones personales en Chevron. (El juez Kaplan, según en fondos de JP Morgan, que a su vez invierte en bonos de Chevron). Este juez se pronuncia sobre todo el sistema jurídico del Ecuador, concluye que no sirve, y muchos gringos de élite como Barrett aceptan lo que dice Kaplan porque parece “natural”. Esos criterios imperialistas ilustran la misma actitud arrogante que tuvo Texaco.

Lo que pasa es que en ese juicio los testimonios pintaron una imagen muy negativa de cómo se maneja la justicia en Ecuador. El exjuez Alberto Guerra acusó al juez Nicolás Zambrano de recibir una coima para dejar que los demandantes escriban la sentencia a su favor.
Chevron le pagó dos millones de dólares a Guerra y lo llevó con toda su familia a Estados Unidos para que rinda ese testimonio mentiroso. En los once años que duró el juicio de Lago Agrio, Chevron amenazó a jueces, manipuló pruebas. En el juicio en mi contra, el Juez Kaplan ignoró pruebas claves (del experto en informática Christopher Racich) que indican que el juez Zambrano es el único autor de la sentencia y guardó el documento 484 veces. Ni el experto de Chevron disputa eso. Esa es la prueba más importante y destruye la teoría de Chevron. Guerra es una vergüenza porque aceptó un soborno de Chevron, pero Guerra no refleja el sistema jurídico de Ecuador en su totalidad, como Kaplan tampoco refleja el sistema en los Estados Unidos en su totalidad.


La primera demanda de las comunidades amazónicas contra Texaco se
presentó en Nueva York en 1993. La petrolera pidió no ser juzgada en
ese país, y luego perdió el juicio en Lago Agrio en 2013.

Una de las pruebas en su contra es que el reporte de contaminación del perito Richard Cabrera fue en realidad escrito por una empresa contratada por usted.
La decisión contra Chevron fue confirmada por la Corte Nacional de Justicia del Ecuador, basada en 105 informes técnicos. El reporte Cabrera es un informe más, que fue preparado de forma consistente con la ley ecuatoriana que indica que las partes que solicitan el peritaje pueden aportar con información. Nuestros técnicos escribieron el reporte tal como los de Chevron hicieron los suyos. La información que contiene es válida y el ingeniero Cabrera firmó porque refleja su opinión de la prueba.

Pero es que ese reporte le permitió a Chevron enjuiciarlo a usted y decir que ha fabricado evidencias.
Chevron estaba buscando cualquier pretexto de demandar a los abogados, para ver si nos intimidamos y capitulamos. No me avergüenza que me demanden, en realidad es algo que esperaba por años y es un halago porque demuestra que fuimos efectivos.

¿Por qué dice que el juicio RICO en su contra no fue legítimo?
Si Chevron tuviera alguna fe en sus evidencias hubiera llevado este caso ante una corte con un jurado de doce ciudadanos. Inicialmente nos enjuiciaron por 60 mil millones de dólares, la cifra más alta en la historia de los Estados Unidos. Chevron retiró el reclamo de indemnización monetaria dos semanas antes del juicio para evitar enfrentarse a un jurado y dejar todo en manos de Kaplan. Estamos apelando y creemos que se va a revertir la decisión. Pero este juicio contra mí no decidirá el destino de la sentencia ecuatoriana. La ejecución de la sentencia de Lago Agrio está ahora en Canadá y Brasil, donde los demandantes han pedido que se embarguen bienes de Chevron.

¿Y si ni Brasil ni Canadá reconocen la sentencia, el caso se acabó?
No, porque Chevron tiene bienes en más de cien países en el mundo. Pero es muy posible que el asunto se resuelva en Canadá.

En uno de los videos del documental “Crudo”, usted dice: “Este es Ecuador, se puede decir lo que sea pero al final del día, si hay mil personas afuera de la corte, se logra lo que se quiere”.
Ese video me sacó de contexto. Sí dije esas palabras, pero en referencia a la forma en que Chevron estaba intentando corromper y sabotear el juicio. Hemos revisado los videos y todos están editados. Yo como abogado me comporté con ética e intenté contrarrestar esa presión. Hay que entender que cuando los demandantes no tienen poder político, son personas que históricamente ha sido maltratadas, tienen que luchar por un juicio justo. En Estados Unidos la lucha por los derechos civiles de los negros se dio en las cortes y en las calles. Esta táctica es apropiada y necesaria para neutralizar la corrupción de Chevron.

Chevron insiste en que gran parte de la contaminación la causó Petroecuador...
La demanda es solo por lo que hicieron Texaco y Chevron. Lo que ha hecho Petroecuador es otro tema. Texaco causó el peor daño y fue el operador exclusivo en los seis campos de petróleo en el área de la concesión en Sucumbíos y Orellana, cuando sucedió la gran mayoría de la contaminación. Texaco operó entre 1962 y 1992, y no ha pagado por sus daños, hizo una limpieza de 40 millones de dólares en los años 90, que hemos probado que fue un fraude total, porque solo ponían tierra sobre sus piscinas tóxicas. Chevron no puede absolverse de sus obligaciones llamando la atención a los problemas causados por otros petroleros.

¿Hay un acuerdo entre el equipo de demandantes y el gobierno para no tocar a Petroecuador?
No, esa es otra mentira de Chevron. En los 90, cuando luchábamos para enjuiciar a Texaco en Estados Unidos, Ecuador estaba preocupado de que se lo enjuicie en cortes extranjeras, y el abogado que llevaba el caso, Cristobal Bonifaz, les aseguró por escrito que no sería así, porque además sería ilegal. Pero ese acuerdo no se aplica para nada hoy en día.

Chevron asegura que usted ha requerido tantos financistas para este caso, que muy poco dinero iría a la remediación.
A la remediación se destinaría la gran mayoría del dinero que pague Chevron. Una pequeña parte será destinada a pagar los costos del litigio. Usamos un nuevo modelo para financiar con capital privado esta lucha de derechos humanos. Es un cambio de paradigma porque equipara el nivel de recursos entre compañías ricas y sus víctimas. La estrategia de multinacionales como Chevron es intimidar y aplastar a sus oponentes con dinero; la compañía gana en un solo año más de dos veces el Producto Interno Bruto del Ecuador. Sin plata, la gente afectada no puede pagar los estudios técnicos para probar su caso. Entonces, inventamos la manera de “monetizar esperanza” para sostener el litigio. El dinero para los costos viene de abogados, financistas y aliados del Norte, quienes recibirán un reembolso cuando se ejecute la sentencia. Este modelo económico ha causado terror a Chevron.

¿Cree que Chevron siente “terror” de los demandantes ecuatorianos?
Es este modelo económico para sostener la demanda lo que realmente amenaza a Chevron. La idea de que el triunfo de los descamisados del Ecuador se repita en otros países utilizando el mismo modelo es absolutamente espantoso para Chevron. La peor pesadilla de John Watson (CEO de Chevron) y otros ejecutivos petroleros es que gente como Humberto Piaguaje, Luis Yanza, y Carmen Aguilar aparezcan en otros países inspirando a los nativos con nuevas ideas peligrosas sobre la justicia.


Los ecuatorianos Pablo Fajardo, abogado de las comunidades afectadas,
y Luis Yanza, líder del Frente de Defensa de la Amazonía, ganaron en 2008
el premio Goldman por su aporte al cuidado del medioambiente.

 

El gobierno ecuatoriano ha hecho propia esta lucha con una campaña, La Mano Sucia de Chevron…
Las comunidades aprecian la campaña del gobierno. Barack Obama, quien es mi amigo de la Escuela de Derecho de Harvard, cuando sucedió el derrame de BP en el Golfo de México en 2010, salió a respaldar a los afectados y a exigir que la petrolera pague. Pero cuando el Presidente Correa hace igual en Ecuador, Chevron le critica furiosamente. La postura del actual gobierno es muy distinta a la de viejos gobiernos ecuatorianos que fueron cómplices de Texaco.

¿Qué le parece la propuesta del experto en Derechos Humanos, Burt Neuborne, de que una autoridad independiente de las cortes resuelva este caso?
Burt tiene una idea interesante, pero hay también otras ideas viables. Creo que un plan final debe incluir un pago de Chevron a un fideicomiso con dinero manejado por los mejores expertos en remediación en coordinación con las comunidades. El gobierno debería tener un rol para asegurar varias cuestiones legales, respaldar la limpieza de las comunidades con sus ministerios, y crear una industria de remediación ambiental del más alto nivel que se pueda replicar en toda la región y fomente la economía del país. Instituciones internacionales pueden asegurar la transparencia y resultados. Chevron ha tenido varias oportunidades de llegar a un acuerdo. En Estados Unidos, la compañía casi siempre arregla sus demandas.

Si usted pierde la apelación, Chevron espera que pague sus gastos legales, usted les debería 32 millones de dólares.
Es cierto que Chevron me ha pasado una factura por 32 millones, nosotros les pasamos la cuenta por 9,5 mil millones. Es parte de la disputa. Si pierdo la apelación, no tienen ningún derecho de tocar mi plata porque no tuvieron un juicio con jurado. Es un “sideshow” para intimidarme a mí y a otros abogados de derechos humanos con la bancarrota.

¿Pero ha tenido que contratar protección porque teme por su seguridad?
Es cierto, Chevron ha gastado 15 millones de dólares contratando a la compañía Kroll para espiarme a mi y a otros abogados como Pablo Fajardo, para revisar nuestros correos electrónicos. Me han seguido, han seguido a mi esposa y a mi hijo de 8 años. Yo contraté a un exagente de FBI para descubrir quién me estaba espiando. Chevron ha gastado más plata en este caso que cualquier acusado en la historia, estimamos que son 2 mil millones de dólares para pagar a 60 bufetes desde 1993. Paga a sus abogados en Estados Unidos 1.200 dólares por hora de trabajo, y a algunos abogados en Ecuador 35.000 al mes. La estrategia es que este litigio se perpetúe porque aún con esos altos costos es más barato que la remediación ambiental. Si hubieran ofrecido todo ese dinero para limpiar el daño en la Amazonía, la gente afectada ya estaría mejor.