Nebot, ¿miedo al cambio? | Vistazo

Nebot, ¿miedo al cambio?

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

Nebot, ¿miedo al cambio?

Viernes, 06 de Julio de 2018 - 12:21
Por primera vez, en casi 20 años, Guayaquil y Quito cambiarán de alcaldes en la próxima elección. Jaime Nebot tiene impedimento constitucional y un proyecto presidencial aún en el laboratorio. Mauricio Rodas prefirió que la contiendade marzo no se convirtiera en un plebiscito que lo hiera, políticamente, de muerte. La renovación en las dos ciudades más grandes del país es inevitable y, como tal, el cambio produce miedo.
 
La vorágine en la que nos tienen inmersos los presidentes Lenín Moreno y Julio César Trujillo, en su afán por desmantelar el correísmo e instaurar otro ‘ismo’ –aún no muy claro–, han impedido discutir con cierto sentido crítico la idea del exvicepresidente Alberto Dahik. Es decir, que Guayaquil blinde, vía consulta popular, el modelo de gestión municipal que ha convertido a Nebot en uno de los alcaldes más exitosos de la región y en un político poderoso y viable. El líder socialcristiano acogió esa idea, prometiendo analizarla con “sinceridad y corazón”.
 
Sus detractores –Jimmy Jairala ya puso el grito en el cielo– dirán que obligarle a Guayaquil a seguir un solo modelo de gestión es una forma de instaurar un gobierno de partido único. Y ello, así provenga de la abrumadora votación popular, movida por emociones antes que por principios institucionales, nunca será lo más democrático. Dahik se olvida de las mil y un formas en las que el correísmo quiso ser hegemónico.
 
Nebot tiene los tres elementos esenciales para que su tendencia triunfe en marzo próximo: una buena candidata como Cynthia Viteri, apoyo popular a su gestión y un partido sólido y con estructuras. ¿Por qué, entonces, arriesgar su prestigio de político maduro con una consulta tan infantil?
 
La tesis del exvicepresidente, de que luego de Nebot puede venir el diluvio, hace un flaco favor a Viteri. Pone en duda el triunfo socialcristiano en el 2019 o que si este ocurre, no hay una garantía de continuidad, al menos en los aspectos administrativos.
 
Sin embargo, pensar de esa manera es despertar los fantasmas que martirizaron al PSC por varios años. Dentro de su liderazgo nacional, León Febres–Cordero impidió que la derecha política, en su partido, tomara otros estilos y se refrescaran sus ideas. Por ello, Dahik tuvo que buscar una tienda distinta para consolidar su carrera. Lo mismo ocurrió con Sixto Durán–Ballén, Ricardo Noboa y, por algún tiempo, la propia Cynthia Viteri. El resultado de ese miedo a evolucionar sacó al socialcristianismo del juego, circunscribiéndolo a Guayaquil, donde los relevos demostraron que eran necesarios y exitosos.
 
¿Habría querido Nebot que el alcalde Febres–Cordero plasmara en una consulta popular lo que se debe hacer o no en Guayaquil? Si Viteri, Jairala o quien sea ganan una elección, tienen el derecho de darle a su alcaldía una identidad política propia. Los principios e indicadores municipales que tanto enorgullecen a los guayaquileños se respetarán porque hay un enorme consenso tácito alrededor de ellos.
 
Aquello no ocurre en Quito, ciudad sin ideas, propuestas ni acuerdos. Lo único que se escucha es decenas de nombres de candidatos de todas las especies que buscan administrar un Municipio en franco retroceso.