Narcoterrorismo | Vistazo

Narcoterrorismo

Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

Narcoterrorismo

Viernes, 06 de Abril de 2018 - 12:06
Frente a la violencia de Colombia y Perú, en el centro del triángulo internacional de la cocaína, el Ecuador se erigió como isla de paz. Esta configuración de la república se funda en las raíces genéticas de los ecuatorianos espantados en el fondo de su alma por la violencia de sus vecinos. Y así fue que la isla de paz devino en santuario de guerrilleros luchando bajo un estandarte ideológico financiado por el narcotráfico, desde los tiempos de Pablo Escobar y antes del colapso del imperio soviético que auspiciaba guerrillas en el tercer mundo.
 
Pero la coreografía cambió con la liquidación de Escobar primero, del cartel de Cali después y la decisión del gobierno colombiano de terminar su guerra civil de medio siglo iniciando diálogos de paz al finalizar el siglo XX. Esto de alguna forma le dio un espaldarazo a la actitud contemplativa que asumieron los gobiernos ecuatorianos luego del atentado de secuestros a empresarios importantes y del brote de su propia guerrilla que Febres-Cordero despedazó.
 
De ahí en adelante el Ecuador adoptó un talante europeo de tolerancia, indiferencia y pragmatismo bajo los auspicios de la internacional socialista, que históricamente sirve al imperio americano para sellar acuerdos de paz con élites guerrilleras latinoamericanas dejando en la cuneta a los artesanos de la guerrilla. Miles de paramilitares reclutados en la adolescencia y que no saben otro trabajo, que por tanto son descartados de los acuerdos de paz que solo ofrecen plazas de empleo a los pelucones de la guerrilla con ínfulas de senadores, ministros, diputados, alcaldes y hasta presidentes.
 
De manera que lo que tenía que pasar pasó con Ecuador después de que Obama concedió a Santos el visto bueno para negociar con las FARC en La Habana, con el frondoso florero de cajón del Nobel de la Paz como premio consuelo a politiqueros, tragabolas y revolucionarios de café.
 
Obviamente que para que esto fluya con buen aceite había que completar el desequipamiento de la fuerza armada iniciado a raíz de la paz con el Perú, y que la cúpula militar entontecida por el poder y las glorias del Cenepa cobró con tres golpes de estado y el apoyo al cuarto a cambio de Petroecuador, los radares chinos, los helicópteros Drhuv, los Mirages tuneados regalados por el comandante supremo Hugo Chávez, y los 10 mil rifles chinos que únicamente sirven para entrenamiento... Todo bajo responsabilidad castrense mientras el gobierno ni siquiera hizo de observador en las negociaciones de paz con las FARC en La Habana a pesar de su papel de tercero damnificado que quedó muy claro ya en el famoso Plan Colombia. Entre tanto la oposición jugaba al mudo.
 
De modo que la mesa no servida está adornada por las sobras del acuerdo de La Habana, los disidentes de las FARC empujados por Colombia hacia la isla de paz hoy estremecida por el narcoterrorismo, cuya penetración no solo es para el tráfico sino para sembrar la distracción impune del microtráfico.