Muera la inteligencia | Vistazo

Muera la inteligencia

Opinión, Santiago Roldós

Santiago Roldós

Muera la inteligencia

Miércoles, 01 de Noviembre de 2017 - 13:20
A un miembro de la supremacía blanca en la Alabama de los años 50 no se le ocurría odiar a los negros, él sólo vivía de acuerdo a lo que su congregación religiosa y política consideraba el orden natural de su evidente superioridad, sustentada en interpretaciones bíblicas y estudios biológicos que confirmaban la proximidad de los negros a los animales no racionales.
 
Para no ir tan lejos, en una navidad inolvidable, personas de mi más grande afecto humillaron a su empleada doméstica por el crimen de haberse duchado en el baño del padre de la casa. No lo hicieron por animadversión, sino por higiene. Para sus beneficiarios y defensores, la segregación jamás nace en el odio, sino en lo que ellos enuncian como lógico o natural.
 
Que la misma empleada doméstica, igual que la negra de ese racista blanco de Alabama, entrara por la puerta trasera de su casa para cuidar, alimentar, bañar, limpiar el culo, brindar afecto y aún enseñarles buenos modales a sus blancos hijos, no implica contradicción alguna, sino la continuidad de la preservación de los lugares del amo y el esclavo.
 
La buena conciencia se prodiga en retóricas y estrategias. Cuando las primeras parejas interraciales comenzaron a asomar su desvergüenza en las metrópolis impías de Norteamérica, hubo defensores de su no criminalización a cambio de que se mantuviesen clandestinas: para estos singulares demócratas, ninguna razón avalaba su derecho a exhibirse en público.
 
No tengo la menor duda ni de la buena intención ni de la enorme ignorancia de gran parte de quienes marcharon en las principales calles de Ecuador en nombre de la defensa de la familia (tradicional) y de su derecho, faltaba más, de elegir el tipo de educación (obsesivamente la sexual) que reciben sus hijos (habría que decir: los hijos y las hijas de todas y de todos). 
 
Créanme que les entiendo. Yo me he tenido que fajar para que en la escuela laica donde estudia mi hijo la profesora de la clase extracurricular de Religión deje de acosarlo a él y a nuestra familia por lo que, a sus ojos, es normal: equiparar a crimen, tara, o enfermedad contagiosa el tener otras creencias.
 
El problema, tal como confesaron en rueda de prensa posterior a la marcha, es que para estas asociaciones lideradas y/o manipuladas por religiosos corruptos que privilegian ver pajas en ojos ajenos, en lugar de las vigas con que sus instituciones buscan perpetuar la esclavitud de su grey, su bienestar no sólo depende de un democrático apartheid que mantenga lejos de sus vidas a homosexuales, transexuales, intersex, feministas e incluso heterosexuales que vivamos en paz con la diferencia y la posibilidad de que nuestros hijos escojan, elijan o asuman su vida.
 
No. Se trata centralmente, y en Ecuador la reacción lo está diciendo con meridiana transparencia, de que el famoso bienestar de la supuesta mayoría consista en derribar toda iniciativa en contra de la violencia de género que no se fundamente en la visión “complementaria” de la mujer. Así como se oye: combatir la violencia contra la mujer perpetuando, de raíz, la violencia histórica de su subalternidad. 
 
Bisabuelos ideológicos de las universidades del Opus Dei donde hoy obtienen maestrías gran parte de los cachorros de nuestra burguesía, los fascistas nacional catolicistas españoles acuñaron en la Guerra Civil una sentencia al parecer desgraciadamente válida para estos tiempos: "¡Muera la inteligencia!"