Mandato | Vistazo

Mandato

Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

Mandato

Jueves, 11 de Enero de 2018 - 13:18
La consulta popular de iniciativa presidencial equivale a una limpia masiva de chamanes indígenas. El vocablo chamán proviene del idioma tungu de Siberia y significa “el que sabe”, lo cual la recubre de pertinencia. Porque la charlatanería insufrible de los hechiceros de la corrupción vocifera que el mandato popular del presidente fue para proteger a las redes delictivas que el crimen organizado incrustó en el poder público. Pero el pueblo es el que sabe que no es así, y eso seguramente lo refrendará en las urnas.
 
La consulta está metódicamente planteada para una limpia global, aunque es puntualmente diminuta para restablecer el espíritu de Montecristi asperjado de estiércol. Tres ejes sostienen a la carreta plebiscitaria: anticorrupción, cambio al modelo económico y alternancia política. La anticorrupción es el eje maestro y apabulló a los sabihondos mercenarios electoreros, que en la campaña muy deslenguados proclamaban que al pueblo le importa un bledo porque su prioridad absoluta es el empleo.
 
El segundo eje plantea la derogatoria a la ley de plusvalía que empodera a Lenín Moreno de cambios al modelo económico, porque esa ley es símbolo del abuso del estatismo totalitario cuando fue retirada por Correa asustado por el pueblo en las calles pero luego impuesta a espaldas de ese pueblo con una asamblea convertida en caballería de Carondelet.
 
Según la técnica jurídica el presidente Moreno no necesita un plebiscito para derogarla porque lo puede hacer mediante proyecto de ley urgente para cuyo rechazo no hay mayoría de asambleístas. El mandato popular de su derogatoria es el serruchamiento de la tarima de un fantasma, aquel que pese al rechazo popular perifonea que el pueblo votó por el programa de gobierno de un socialismo de estado que bolsiquea a la ciudadanía con impuestos para mantener a una clientela electoral y pagar una deuda ilegítima que la corrupción se tragó.
 
Los límites simbólicos al extractivismo, de la minería a cielo abierto que revuelca y viola a la Pachamama y del petróleo que destruye el Yasuní, completan un mandato económico de izquierda que aterriza en un socialismo democrático que da por concluido el abuso de todos los abusos: la reelección indefinida al estilo de las “nuevonas” repúblicas presidenciales de África y de las democracias populares de los exsatélites del difunto imperio soviético.
 
Este es teóricamente el perfil democrático del renovado mandato popular que la consulta daría al presidente Lenín Moreno, y por eso la oposición apoya siete veces sí las preguntas de la consulta. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho y los hechos son los que hablan.
 
Por el momento la base cierta de la credibilidad es el proceso penal contra un vicepresidente impuesto por el dictador que casi le hace perder la elección. La nueva vicepresidente llena el perfil maestro del cargo, ni chicha ni limonada, lo que fue Moreno para Correa. Una garantía de estabilidad. Por ahora sigue la espera.