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Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

Lotería

Viernes, 03 de Agosto de 2018 - 11:42
Una elección popular es una suerte de lotería entre pocos participantes que tienen la opción de engordar o desnutrir su número. Esencialmente es una lotería aunque el mundo de los negocios actualmente le facilita expertos, desde cambiarles el peinado a los candidatos hasta en fabricarles un discurso político, desde desinformar con encuestas amarradas hasta reunirlos con celebridades para distraer a los tragabolas. Hoy son raros los animales políticos de pura raza que se han hecho su propio discurso político aunque siempre ligado a lo que la gente quiere oír.
 
Uno de ellos, tal vez el único, es Jaime Nebot, con un acervo enriquecido por dos derrotas presidenciales y un modelo exitoso de gestión alcaldicia, que es como la guitarra frente al violín si se compara con la administración presidencial. Ahora se ve obligado por las circunstancias de la no reelección consecutiva e indefinida a reconsiderar su firme decisión, mantenida desde 1996, de no correr para presidente de la República. 
 
 
Esto plantea algunas situaciones políticas que en la ruta no solo incidirán en él sino en otros actores a nivel regional y nacional. Debe dejar la alcaldía después de 18 años por mandato legal y voluntariamente porque no se opuso a ese mandato, lo cual plantea para el PSC y la ciudad repensar una gestión que exitosamente él la manejaba prácticamente por celular. Y a su vez intentar una repesca de la presidencia porque los factores en juego destacan un reflotamiento de la tendencia de derecha que él representa y que en las últimas elecciones presidenciales estuvo a una cabeza del triunfo con Guillermo Lasso.
 
Mientras en la izquierda impera un panorama desolador por una década de abusos y de concentración de poder de Rafael Correa, cuando por su lado Lenín Moreno ha fijado su período hasta el 2021 con la ley urgente de fomento de la producción, que da a entender que no le interesa la reelección y que dicha ley solo le sirve para financiar con deuda su mandato al estilo del antecesor. Y a los grandes contribuyentes recibir su parte en rebajas y exenciones tributarias que no tenían con Correa.
 
Aquí surge entonces un límite a la ilusión presidencial de los seguidores de Nebot, quien desde ahora advierte que él no piensa hacerse cargo de un fardo como el que entregaron a Mahuad en 1998. El caso es que la ley Moreno de fomento de la producción es hija de la ley Nebot de 2006, de manera que si no hay ningún modelo exitoso que continuar a nivel presidencial las posibilidades de una candidatura de Nebot se esfuman.
 
Peor aún si la ley Moreno no solo fue prohijada por Nebot sino públicamente apoyada en la Asamblea por el PSC, conceptualmente anticipándose a recalcar que el endeudamiento no podía suspenderse por haber rebasado el techo del 40% del PIB, más el lavamanos del candado sustituible a la remisión y el aditivo del arbitraje internacional para inversiones que la Constitución prohíbe.
 
Al final del camino Lasso espera.