Izquierda decadente | Vistazo

Izquierda decadente

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

Izquierda decadente

Jueves, 17 de Agosto de 2017 - 12:49
No falta mucho tiempo para que el juicio de la historia ponga a esa izquierda fanática latinoamericana en el mismo sitio de oprobio y de vergüenza colectiva que, por varias décadas, ocuparon las derechas que aplaudían los crímenes de Pinochet y del resto de dictadores del Plan Cóndor.
 
La complicidad que reina frente a la miseria, la muerte y los atropellos que se viven en Venezuela ha superado el límite del cinismo. Esos grandes sectores que se autodefinen como izquierda revolucionaria cargarán sobre sus espaldas las culpas por los atropellos de Nicolás Maduro.
 
Ni siquiera cabe justificar que su condenable silencio sea disculpado por la neutralidad, respeto diplomático o reconocimiento de la soberanía. No, son cómplices y encubridores; la historia les apuntará con el dedo.
 
Hace pocos días, la prensa se escandalizó con la regordeta frase de Diego Armando Maradona, quien prácticamente se enlistó en el ejército de garroteros encargado de blindar el proyecto totalitario de una constituyente espuria.
 
Sin embargo, la potencia de un escándalo mediático no debería enfocarse en figuras tan poco iluminadas como Maradona, sino en cuestionar el respaldo político que íconos de la lucha contra la represión de los setenta y ochenta, como Hebe de Bonafini, la madre de Plaza de Mayo, dan al proceso degenerativo de Maduro.
 
Es increíble cómo el fanatismo ha hecho de personajes como ella su propia caricatura. Bonafini, quien hizo respetar el dolor de las madres de casi 30.000 desaparecidos, ahora es una ferviente admiradora del desastre chavista, y su movimiento se ha convertido prácticamente en una fuerza de choque del kirchnerismo argentino.
 
¿Acaso los derechos humanos en Venezuela, por ser atropellados por una izquierda corrupta e inepta, no merecen la lucha de quienes entregaron toda su fuerza para combatir a los dictadores de hace 40 años? ¿Dónde están esos ideales progresistas?
 
Ya en tierras más tropicales, la posición política de países como el Ecuador son aún más reprochables. El ideal de cambio que pretende proyectar el presidente Lenín Moreno no se aplica en la agenda de su política exterior. Es más, todo huele a retroceso.
 
La flamante canciller María Fernanda Espinosa resucitó, con su asistencia, un foro como ALBA (Alianza Bolivariana para los pueblos de América). Así legitimó a la Asamblea de Maduro, ignorando semanas enteras de protesta y represión.
 
Difícilmente, Moreno se proyectará como un presidente exitoso, conciliador o progresista si no replantea su visión respecto a Venezuela. Todo lo contrario, perderá el respeto de una comunidad internacional a la que se le ha invitado a invertir en el Ecuador de los nuevos tiempos.
 
Y, lo más importante, su régimen, que se supone democrático y que quiere aglutinar a una serie de fuerzas progresistas, quedará inconsistente y obsoleto.
 
La diplomacia ecuatoriana debiera dejar de lado las consignas de esa izquierda decadente y transnacional para retomar, eso sí con fervor nacionalista, aquella Carta de Conducta, por la que Jaime Roldós se hizo leyenda y según la cual no se podía invocar la soberanía de ningún Estado para justificar las violaciones a los derechos humanos.
 
Presidente Moreno, aplique esa doctrina, orgullosamente ecuatoriana, que Venezuela y la historia le reconocerán ese verdadero canto a la vida.