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Herencia

Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

Herencia

Lunes, 07 de Mayo de 2018 - 15:48
A tres semanas de cumplirse en la república de papel el primer aniversario de haber dejado voluntariamente el poder, el ciudadano que durante mayor tiempo consecutivo, dinero e influencia lo ha ejercido en su historia, aún no existe certeza alguna de hacia dónde va el país.
 
Ese resultado no es fortuito sino fruto de una planificación estratégica. Tanto el gobierno dejado por Correa como la oposición no atinan aún a ponerse de acuerdo en cómo enderezar las torceduras, empezando por ellos mismos. El largo feriado de última hora para el sector público el 1 de mayo es evidencia de esa orientación, y a la vez de que la única certeza en la clase política es que necesita ganar más tiempo haciéndolo perder al país. Y esto no solo corre para el gobiernismo sino para una oposición de plastilina que está feliz con la mano metida en la llaga.
 
Sin embargo, adictos gatopardistas atisban tanques de vaselina en cada recoveco del palacio legislativo facilitando una difícil transición, de la dictadura más prolongada de la historia patria, que en 11 meses ha permitido evacuar piezas claves del dictador incrustadas en la Vicepresidencia de la República, presidencia de la Asamblea, Contraloría, Fiscalía, Consejo Electoral y Ministerio de Finanzas…
 
En medio de tanto desorden institucional el mayor debilitamiento que se observa sin duda está en la mentalidad de los responsables de poner en práctica lo que se sabe que hay que hacer desde hace mucho rato en la economía y en la política. Pero resulta que saben lo más difícil y no aciertan en lo más fácil, hacer rápidamente lo que tienen que hacer.
 
Esta situación estaría llevando los diálogos y sus resultados, en ciertos momentos, a una situación de inaceptable inmovilismo. Porque en la lucha anticorrupción están suficientemente evidenciados los delitos perpetrados por la organización criminal que se apoderó del Estado, sin embargo, castigar a tanto sinvergüenza que deambula libremente hasta con inmunidad parlamentaria resulta que es tarea de una devoción ejemplar al debido proceso que fue pisoteado por el crimen organizado. Igual con la situación económica, ya no es cuestión de opiniones sino de realidades, pero se continúa con el reciclaje de funcionarios que llegaron a convertirse en zombies del dictador convencidos hasta la médula que fue el inventor de fórmulas perfectas. Tal vez perfectas para haber emigrado de por vida de la pobreza.
 
Para rematar con broche de oro el panorama explotó la bomba de tiempo del laureado acuerdo de paz con las FARC que no incluyó desmovilización, desarme y reintegración de millares de paramilitares de la guerrilla vinculados a los cárteles del narcotráfico. Allí lo más seguro es volver a la pax mafiosa del amortiguamiento donde vale armarse hasta los dientes con asistencia del imperio para que la violencia se vaya esfumando solita y los semáforos vuelvan a la intermitencia.
 
Gatopardismo puro, el rey de la vaselina mantiene expectativas en vigilia.