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Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

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Miércoles, 01 de Noviembre de 2017 - 13:28
Después de sufrir y gozar del gobierno más largo de la historia, bajo la batuta dictatorial de un caudillo que paradójicamente afianzó un régimen nominalmente constitucional, la república de papel vive una transición cuyo costo como siempre lo pagará quien todo paga…
 
La política es el arte de lo posible y el artista de moda es quien maneja los hilos del poder, gracias a un presidencialismo reforzado que ahora se maneja con diálogo en vez de confrontación, sonrisa en vez de patada en el pecho. Pero nada es gratis. Por eso la Presidencia del Estado que es del Presidente del club político que controla todas las funciones estatales pone una cal y otra de arena en política y economía.
 
Así se observan contradicciones que la débil oposición hace notar con escuálidos pataleos. En la Consulta Popular rimbombantemente se anuncia rescatar el espíritu de Montecristi pero se disminuye el contenido de las preguntas ignorando los dos paquetazos de enmiendas que subyugaron ese espíritu.
 
Únicamente se vuelve a la reelección por una sola vez que halaga el anticorreísmo y sus aspiraciones de retornar a Carondelet, pero lo primordial es asegurar el nuevo liderazgo en Alianza PAIS que la prepotencia creyó que solo era para coger la caña de la corrupción.
 
Las medidas económicas son la continuación del socialismo de Estado que apuntala al Estado rector y clientelar al cual todos los actores sociales y económicos le rinden pleitesía, por lo que cada uno busca acomodarse con ese ogro estatal, sean izquierdistas o derechistas, comunistas o neoliberales, trabajadores o empresarios. Pues la política tributaria del gran chanchero más bien se refuerza aumentando el impuesto a la renta. Y la explicación es muy simple, el gran chanchero engorda chanchitos con el alza de los precios y del costo de la vida para la ciudadanía mientras los precios altos que la dolarización amortigua permiten que se lleve el tocino mientras sigue engordando a los chanchitos.
 
Así se funciona con los actores económicamente productivos que hacen de agentes de retención del chanchero, claro que patalean para darle credibilidad a la jugada pero obviamente sin recurrir al efectivo derecho a la resistencia que permanece anestesiado por el pendejómetro del diálogo.
 
Entre tanto a los actores políticamente productivos, que salen a las calles, se les congela los exorbitantes gastos en una burocracia que no se necesita pero que se distribuye en las tres centrales sindicales, por lo que a estas no les quita el sueño que no hayan más trabajadores. Mientras se deroga decretos contra la libertad de asociación pero cambiándolos por otros que dicen lo mismo y subiendo pensiones cuando al mismo tiempo no se restituye el aporte estatal del 40 por ciento.
 
Todo se amortigua con la cabeza de Glas, que además debe caer por la sucesión presidencial, y se da espaldarazos a excorreístas que controlan resortes claves de poder mientras otros colgarán de los pulgares con el Consejo Transitorio de Participación… Así gobierna el Gatopardo.