Esperanza | Vistazo

Esperanza

Opinión, Patricia Estupiñán

Patricia Estupiñán

Esperanza

Viernes, 09 de Marzo de 2018 - 11:03
El audio de una conversación entre el presidente de la Asamblea José Serrano y el excontralor Carlos Pólit, para “bajarse” al fiscal Carlos Baca “porque no cumple los acuerdos”, es uno de los episodios más vergonzosos de nuestra vergonzosa política. Hecho público por el fiscal Baca, en el audio Serrano pide el documento de una auditoría efectuada por la Contraloría a Baca, cuando fue presidente de la Comisión que investigó el 30S. Pólit ofrece entregarlo y lo hizo, pues tras Baca difundir el diálogo, Serrano presentó a la Fiscal de Pichincha dicho informe.
 
El evento ha tenido la fuerza telúrica de un terremoto de impredecibles consecuencias para sus actores. No obstante, su mayor impacto ha sido en el edificio que la propaganda oficial y el expresidente Rafael Correa se empeñaron en construir sobre el 30S: un secuestro e intento de magnicidio. Pólit ha repetido en entrevistas internacionales posteriores, que no hubo tal secuestro. De la mano de una justicia impúdica y con la venia indiferente de autoridades como el propio Pólit, no se escatimaron recursos económicos ni infamias para llevar a juicio a más de medio millar de personas, destruir sus vidas y condenar a muchos inocentes.
 
¿Cómo pudieron permanecer indiferentes ante el dolor de tantas víctimas? ¿No les movió el corazón escenas como aquella del coronel César Carrión bendiciendo a su hija, apenas una adolescente, quien tiene el rostro cubierto por las lágrimas? Carrión fue a prisión, perdió su carrera, fue acosado y humillado. ¿Por qué? Por decir la verdad a CNN: en el hospital el presidente Correa no estuvo secuestrado.
 
Y hay otras historias, no tan conocidas, que también reflejan el drama de la indefensión de los individuos comunes en Ecuador, un país donde la justicia depende del vaivén de la política. El capitán Francisco Guzmán, miembro del GOE, a quien se le acusó de la muerte de Juan Pablo Bolaños, una de las víctimas de la refriega escribió a Vistazo. “Una mentira provocó el dolor para muchas familias, un manejo despiadado de la justicia me condenó injustamente por algo que jamás hice y se me obligó a morir lentamente en una cárcel, en donde si pretendíamos exponer estas injusticias, se nos amenazaba con trasladarnos a la cárcel de Latacunga”. Además de su libertad y carrera, perdió a su familia. Su esposa no resistió la presión, se divorció y se llevó a su hija. ¿Quién le devolverá su antigua vida?
 
“La verdad es incontrovertible, la malicia puede atacarla, la ignorancia burlarse de ella, pero al final está ahí” (Churchill). Esto ha ocurrido con el 30S. Está confirmado por hombres que fueron parte del hecho que se trató de una protesta policial, que devino en tragedia por la arrogancia e inmadurez del expresidente. Sin embargo, aún dentro del hospital, Correa siempre estuvo en control de la situación. Fue él quien dio las órdenes de entrar a rescatarlo, según manifestó el oficial que dirigió el operativo en una reciente entrevista. Por ende, Correa es responsable del asalto, de las víctimas y del manejo perverso de los juicios que siguieron, responsabilidad que ha querido evadir a través del montaje de un supuesto secuestro e intento de magnicidio.
 
¡Cuánta injusticia en los casos que interesaron al poder político de la última década. Los acusados estuvieron en absoluta indefensión! ¿Cuándo va a cambiar esto? Hay una esperanza: el nuevo Consejo de Participación Ciudadana. Su gran desafío es devolvernos la fe en las instituciones, que deben ser administradas por personas que en verdad tengan las manos limpias.