Engaño al agricultor | Vistazo

Engaño al agricultor

Opinión, Alberto Acosta-Burneo

Alberto Acosta-Burneo

Engaño al agricultor

Viernes, 06 de Abril de 2018 - 12:57
El mercado ecuatoriano está inundado de arroz, mientras que los agricultores registran pérdidas porque no consiguen que les paguen el precio oficial de 35,5 dólares por saca. El problema no es menor considerando que existen 385 mil hectáreas destinadas a este cultivo realizado por miles de pequeños agricultores. El primer paso para plantear una solución es entender el origen de esta crítica situación.
 
Los precios cumplen una función primordial en toda economía de mercado. Son el mecanismo de comunicación entre consumidores y productores. El esquema es simple: cuando un precio sube, los consumidores están pidiendo a los productores que incrementen la oferta de este bien y que la reduzcan en otros productos que desean con menor avidez.
 
El problema se origina cuando el Gobierno piensa que tiene la capacidad para “corregir” supuestos fallos del mercado y modifica los precios a su antojo pensando que no habrá consecuencias adversas.
 
¿Qué pasa cuando el Gobierno fija el precio “oficial” del arroz superior al precio de un mercado sin trabas? Está diciendo a los agricultores que los consumidores desean intensamente comprar arroz. Pero es un engaño, porque ese precio es artificial y no refleja lo que realmente quieren los consumidores.
 
Burlados por un precio artificialmente alto, cada vez más agricultores entran a la producción de arroz. Gradualmente se van incorporando inclusive aquellas tierras menos productivas, porque con un precio tan elevado, se vuelven rentables. El mercado comienza a inundarse de arroz. El Gobierno intenta corregir la “falta de demanda” comprando más arroz a través de la Unidad de Almacenamiento, pero los stocks se acumulan inexorablemente (¡actualmente hay arroz almacenado desde 2013!).
 
El programa de precios oficiales para “ayudar” a los agricultores, siempre termina siendo su perdición. ¿Cuál es la solución? Como primer paso, el Gobierno debe comprar arroz para “rescatar” a los agricultores pequeños, víctimas de esta equivocada política, cuya cosecha no podrán vender. Adicionalmente, deberá buscar mercados internacionales para desfogar el exceso de arroz almacenado en sus bodegas en los últimos años.
 
Acto seguido, hay que eliminar el precio oficial y permitir un precio de mercado para la siguiente cosecha. El esquema de precios libres debe implementarse antes de que empiecen las siembras del nuevo ciclo. El nuevo precio del arroz será más bajo que el actual precio oficial, lo que desincentivará la siembra en las tierras menos aptas e impulsará a estos agricultores a buscar actividades alternativas que sean preferidas por los consumidores (y por las que paguen mejores precios).
 
El Gobierno debe abandonar las políticas que creen que el Estado es todopoderoso y que puede jugar con el mercado a su antojo. Estas medidas siempre terminan afectando a quienes supuestamente quieren ayudar. Solo promoviendo la apertura de mercados para nuestros productos agrícolas y eliminando la política de precios oficiales, el Gobierno impulsará a los agricultores.