El desprestigio de lo estatal | Vistazo

El desprestigio de lo estatal

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

El desprestigio de lo estatal

Jueves, 11 de Enero de 2018 - 13:24
La perorata de la revolución ya no es suficiente. El espejismo de la década ganada se desvaneció y detrás del oasis de progreso y desarrollo que la propaganda pintó, quedan dunas de deudas millonarias, casos de corrupción y ventarrones de odio.
 
Las siniestras confesiones de Carlos Pareja Yannuzzelli y las delaciones premiadas en el caso Odebrecht abrieron un panorama judicial inédito. Pero, sobre todo, demostraron que en nombre de un proyecto de izquierda progresista, el grupo político que más tiempo gobernó al Ecuador, de forma consecutiva, destruyó el prestigio del Estado al punto de invalidar su rol en la sociedad.
 
En Montecristi se diseñó un hiperpresidencialismo que permitió a la Función Ejecutiva ponerse encima de los otros poderes. Con el control total, el Estado se hizo fuerte, autoritario y corrupto. Operó desde una sola concepción política, con cero debate nacional, para favorecer los intereses del grupo que lo administró por diez años sin tener que someterse a una verdadera fiscalización.
 
El Ecuador aún desconoce la dimensión real de su endeudamiento, así como la conveniencia de un gasto público que en muchos casos fue para obras suntuosas, mal construidas y nada prioritarias. La dura realidad, luego de destaparse el escándalo de Odebrecht, es que las obras de los sectores estratégicos no fueron el fin, en ese anhelo de crear infraestructura y desarrollo (el propio Alexis Mera así lo insinuó), sino el medio para garantizar un esquema de coimas y enriquecimiento que favoreció a unos cuantos poderosos.
 
Desde ese Estado se hicieron negocios poco transparentes, como las megaobras, las carreteras, las universidades de relumbrón y las derivaciones hospitalarias en el IESS. Se desalentó al aparato productivo mientras que la carga impositiva superaba, de manera implacable, la capacidad de empresas y emprendedores de generar riqueza. El Estado no fue un espacio para zanjar las disputas políticas; fue el lugar donde se alentó el odio y la persecución.
 
Y pese al gran discurso de la revolución educativa, Alianza PAIS aún debe explicaciones sobre el peligro que centenares de niños corrieron frente a profesores depravados y protegidos en el más censurable espíritu de cuerpo.
 
La transición política que vive el Ecuador, y por la cual se logró descubrir muchas de esas corruptelas, es producto de la presión social de millones de ciudadanos que en las elecciones pasadas exigieron más democracia y menos impunidad.
 
El presidente Lenín Moreno tuvo la inteligencia de escuchar ese clamor, prometiendo dejar atrás ese desierto de lo autoritario y el despilfarro. El ciclo se cerrará con la consulta popular del 4 de febrero.
 
El reto posterior del morenismo consiste en recuperar la prestancia de un Estado que pese a las promesas de cambio, requiere de ingentes recursos para mantener la desproporción de su tamaño, alentado por el mismo discurso ideológico que lo puso en el 2007, por encima de todo: del ciudadano y de las leyes.
 
La reconciliación nacional y la recuperación económica es el desafío urgente de los ecuatorianos. Esa discusión, seria y democrática, pasa por replantear el papel de lo estatal para dejar atrás su desprestigio.