El ataque selectivo | Vistazo

El ataque selectivo

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

El ataque selectivo

Miércoles, 01 de Noviembre de 2017 - 12:49
Cabe reconocer el talento que ha tenido el Gobierno para sembrar con sorpresas la política ecuatoriana semana a semana. La agenda la marca el presidente Lenín Moreno y alrededor de ella reaccionan sus compañeros de partido, convertidos en opositores, y la oposición, asumiendo el papel de su aliada casi incondicional.
 
Desde el relato del minotauro y las mentiras sobre la mesa servida, a las fallas detectadas en 640 obras del anterior gobierno y el despilfarro infame en los medios públicos y los incautados, Moreno ha logrado, en el campo de lo simbólico, poner a Rafael Correa en el banquillo de la fiscalización. Y como el apremio nacional exige conocer la forma en la que se administró la década ganada por Alianza PAIS, varios sectores políticos, movimientos sociales y la opinión pública se han convertido en la caja de resonancia de la agenda gubernamental.
 
Las últimas encuestas de Cedatos revelan el éxito político de esta primera etapa de Moreno: el 75,3 por ciento de los ecuatorianos aprueba su gestión y el 67 por ciento cree en su palabra. A decir de esta firma, ningún otro Presidente –ni siquiera Rafael Correa– fue tan popular.
 
De allí que es fácil deducir que el proyecto de Consulta Popular, respaldado por el 60 por ciento de la población, no tendría mayores escollos en la Corte Constitucional, por lo que será votado a inicios de 2018. Sin embargo, no se puede soslayar la influencia que tiene el correísmo en las instituciones que cuidadosamente diseñó para alimentar al caudillo.
 
Con la opinión pública y buena parte de los políticos a su favor, Moreno sabe que su urgencia es controlar a Alianza PAIS. Por eso se siente con más fuerza el interés del gobierno por desnudar la ineficiencia, la corrupción y el estado de propaganda de su antecesor. De esta manera, buscará rodearse de aquella militancia a la que le resulta insostenible defender tanto atropello ético y fiscal.
 
La bulla mediática de sus denuncias ha tenido la fuerza de un huracán, mientras que Correa y sus aliados brillan por su falta de talento político.
 
Moreno ha llegado muy lejos al convertirse en el denunciador del correísmo. Su espacio de los lunes es ahora el lugar donde se reivindica la dignidad en la administración de lo público. Pero el país le dará la espalda si todos esos escándalos no llegan a tramitarse judicialmente. El Procurador del Estado y las cabezas más importantes del Gabinete tendrán que ponerse al frente de este proceso de reparación nacional y enfrentarse con aquellas figuras con las que hasta hace poco diseñaban en conjunto las estrategias jurídicas y comunicacionales para consolidar el poder hegemónico del correísmo.
 
El hecho de que Moreno mantenga los mismos preceptos en la economía o que apoye a figuras preponderantes del anterior gobierno como Gustavo Jalkh y Richard Espinosa, sin beneficio de inventario, despierta una serie de dudas sobre cuáles son sus verdaderos objetivos. Derrumbar al correísmo por completo o propinar ataques selectivos, para preservar así esa gran estructura política que hoy se muestra dividida, hasta que el nuevo líder la reunifique.