El arte de la sinrazón | Vistazo

El arte de la sinrazón

Opinión, Patricia Estupiñán

Patricia Estupiñán

El arte de la sinrazón

Jueves, 31 de Agosto de 2017 - 11:02
El dramaturgo George Bernard Shaw sostuvo: “El hombre razonable se adapta al mundo, el ilógico persiste en adaptar el mundo a sí mismo”. Todos hemos enfrentado a personas irrazonables, y en más de una ocasión también hemos sido irrazonables. Sin embargo, el vicepresidente Jorge Glas ha superado los límites de la lógica, al insistir en adaptar el mundo a su favor.
 
Considera que hizo una gestión extraordinaria en los sectores estratégicos y que es una víctima de la prensa y la oposición porque “prefiere estar con los pobres”. En su negación, ¿Glas cree lo que no es verdad o se resiste a creer lo que es verdad?
 
No es verdad que su gestión ha sido extraordinaria. La corrupción en los sectores estratégicos no se limitó a casos aislados. Fue sistémica.
 
La sinrazón de Glas tiene raíces en su falta de carácter para asumir los errores propios y, más grave, transferirlos a otros: “Esto es un golpe de Estado blando … La delación proviene de un delincuente porque boté a patadas a Odebrecht (2008)”. Sin embargo, el delator tuvo acceso a su oficina hasta el 2016.
 
En la concesión del campo petrolero Singue: “Solo fui parte del Directorio”. ¿Los directores únicamente están para recibir dietas, no son responsables? Sobre su tío: “Si un familiar se tomó mi nombre, que responda él”. ¿Su tío no “representó” al país en una negociación con la empresa Genesis System en 2010, que no fructificó siendo él ministro? ¿En el computador de su tío no halló la Fiscalía archivos con información de la Vicepresidencia? Etc, etc, etc.
 
Su mala gestión también ocurrió por su falta de conocimientos y experticia administrativa. Su ineptitud no solo significó corrupción sino también despilfarro. Solo así se entiende la ligereza y la superficialidad para seleccionar a las personas y cómo se desperdiciaron los recursos.
 
Se repitió la falta de ética al pasar fracasos por éxitos. Después de gastar más de 2.200 millones en la repotenciación de la Refinería y sostener que “ahí está la plata del pueblo”, se descubre que el trabajo estuvo mal hecho. Glas argumentó: “Hasta mayo funcionaba perfectamente”. 
 
¿Por qué se gastó más de 1.500 millones en El Aromo, cuando las posibilidades de inversión para una nueva refinería eran remotas? ¿Por qué se construyó en más de 500 millones el complejo de Monteverde para que acodere un barco para descargar gas una vez al mes y después se decidió impulsar un proyecto de sustitución de cocinas de gas por cocinas de inducción? Etc, etc, etc.
 
La distorsión de la realidad que tiene Glas es aún más peligrosa, pues en su soberbia busca atar su suerte a la del país: “Fui elegido en binomio y si renuncio debe renunciar también
el Presidente”. Es decir: “¡Después de mí el diluvio!”. Sin embargo, la realidad es que el 84 por ciento de los ecuatorianos no cree en la verdad de Glas (Market). No confiamos en su capacidad de dirección. 
 
Por haber perdido la “confianza para dirigir”, la marina de Estados Unidos acaba de destituir al comandante de la séptima flota naval, el vicealmirante Joseph Aucoin. Héroe condecorado, Aucoin no estaba al timón del buque John McCain que sufrió un accidente. La confianza es la piedra angular del liderazgo. Cuando no existe se impone el relevo.