El silencio de los inocentes | Vistazo

El silencio de los inocentes

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El silencio de los inocentes

María Belén Arroyo | [email protected] Jueves, 11 de Enero de 2018 - 17:03
“Nuestra hija realmente no descansará en paz al ver que tiene un padre que también odia”. Palabras de perdón. Sin olvido. Ángel Benavides perdió a su hija de nueve años, Emilia. La niña fue violada y asesinada en Loja. El caso conmocionó al país al cerrar el año 2017.
 
Cinco días de búsqueda. La angustia se transformó en dolor. “Solamente la fe nos podrá hacer entender el por qué puede haber personas tan malas, tan crueles, que no piensen como un ser humano, como una persona. ¿Quién los juzgará? Nosotros no podemos. La justicia humana, cuando el delito está cometido y hoy se ha cometido un delito. Y la justicia divina, con la que solo Dios sabrá cómo prodigar”. Estas sentidas palabras las pronunció el padre de la niña en la Gobernación de Loja, frente a una multitud congregada para conocer la suerte de Emilia.
 
La niña salió de su escuela; no llegó a su casa. En el camino, la abordó un hombre joven, conocido por ella y su familia. Todo apunta a que fue víctima de una red involucrada con trata de personas y pornografía infantil. Entre cuatro personas habrían actuado. Calcinaron sus restos y arrojaron el cadáver incinerado y desmembrado a una quebrada.
 
 
Las cámaras de seguridad captaron la última imagen de Emilia, en vida. Camina tranquilamente junto a quien sería su agresor y asesino. Por esta evidencia, él fue detenido. Tras su confesión, otras dos personas fueron capturadas. Solo horas después de haber ingresado a la cárcel de Turi (en Cuenca), el autor confeso del crimen fue hallado muerto El caso despertó indignación nacional, motivó marchas y vigilias, pero no es aislado. Fue un año inusualmente violento. Y las víctimas –niños y niñas– las más vulnerables.
 
A mediados de junio, en Portoviejo, un hombre de 28 años cuya misión era salvar vidas –enfermero de profesión– asesinó a sus dos hijos, de tres y seis años, tras inyectarles sedantes. Todo después de una riña amorosa. La madre, también enfermera, no pudo salvarlos. Dos meses más tarde, en Machala, una mujer de 41 años confesó que había asfixiado a su hijo, de dos años, con una almohada.
 
 
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