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Ileana Matamoros / [email protected] Lunes, 31 de Octubre de 2016 - 16:07
A sus 11 años Alba (Macarena Arias) debe irse a vivir con su padre Igor (Pablo Aguirre), porque su mamá (Amaia Merino) está muy enferma. No se ven desde que era una bebé y la convivencia no es fácil. Igor es un hombre solitario y extraño, como ella. “Alba” es la primera película ecuatoriana que entra en la selección oficial del prestigioso festival de Rotterdam (Países Bajos), donde ganó el Lions Films Award. En San Sebastián obtuvo una mención especial del jurado. En los festivales de Toulouse (Francia), Colonia, Tübingen (Alemania) y Lima también se fue llevando premios.
 
La ópera prima de la quiteña Ana Cristina Barragán ha recibido un aluvión de críticas positivas en su recorrido internacional, y se estrena el 28 de octubre en Quito, Cuenca y Ambato (en la Costa será en diciembre). Es un filme que explora la fragilidad y la fortaleza femenina en aquel difícil tránsito de la niñez a la adolescencia, donde conviven la dulzura y la crueldad, un mundo interior cambiante, la familia y las presiones sociales. 
 
¿Tras el exitoso recorrido internacional, los premios y críticas estupendas, qué expectativas tienes respecto al estreno de “Alba” en Ecuador?
Nos interesa el público más cercano al cine de autor, pero también apuntamos a un público más amplio, que pueda ser sensible a la temática padre-hija y la entrada a la pubertad. “Alba” es una película muy autoral pero a la vez universal, es una ilusión grande que la gente pueda ir a verla y que se rompa el estereotipo del cine ecuatoriano. Es un momento difícil, veo que películas súper buenas como “Sin muertos no hay carnaval” (obviamente de otro tema) no tuvieron la cantidad de espectadores que se esperaba... Pero pienso que si “Alba” genera algo en la gente y se va abriendo el boca a boca, esa va a ser la mejor campaña.
 
Has comentado que la historia tiene una inspiración autobiográfica. ¿Cómo es trabajar con un material así de sensible?
“Alba” tiene ciertos elementos autobiográficos, pero más que todo personales. No son cosas que necesariamente viví en carne propia, pero sí muy de cerca, también cosas que soñé. De todas formas trabajar con un material tan personal es algo que afecta, te mueve fibras internas, te hace reflexionar sobre cosas de tu vida. Y a veces tomar distancia es complicado. Es muy importancinco te que no sólo hagas un retrato de lo que sientes, sino que funcione como una obra que pueda llegarle a otras personas que no tienen nada que ver con tu mundo interior.
 
Empezaste la película hace seis años como un proyecto de tesis en la universidad, ¿qué tanto tuvo que ver el financiamiento con los tiempos de producción?
Es normal que la película haya tomado su tiempo por mi manera de trabajar. Hice siete versiones de guión, edité un año y medio la película porque no encontraba lo que quería realmente, fue un proceso de bastante autocrítica y exigente... Pero definitivamente nos faltaba plata para el rodaje y nos faltó para la post-producción, eso dilata las cosas, y sobre todo hace más cuesta arriba el trabajo porque uno quiere dedicarse mañana tarde y noche a editar la película, pero no puedes. Sería mucho mejor que hubiera un sistema o una manera en que las películas no tuvieran que retrasarse por falta de fondos sino solo por su proceso creativo.
 
¿Cómo lograrlo?
Hay que seguir apoyando y con más fuerza los fondos concursables estatales para el cine, que no tambaleen. A punto de estrenar acabamos de aplicar al CNCine (en la categoría Distribución) porque recién se abrió la convocatoria, y es complicado porque ya necesitaríamos esos fondos. Este año salió tarde la convocatoria ¡pero por lo menos salió!, lo que es un alivio. No sabemos si vamos a ganar, pero ya es una puerta. Por otra parte, sorprende que no exista en Ecuador un aporte importante de la empresa privada, si se hacen buenos acuerdos, una película significa una promoción gigante. Tampoco hay la posibilidad de reducir impuestos por invertir en el cine, eso sería algo muy bueno que podría suceder. Además, el impuesto de las entradas existe en muchos países, y es algo muy justo que todas las películas mainstream que vienen de afuera dejen algo para el cine nacional.
 
 
 
 
 
El casting duró cinco meses, ¿qué buscabas, en particular para el personaje protagónico?
Pienso que valió la pena hacer esos 600 castings porque además de encontrar a Macarena encontramos otros niños que son muy naturales. Para interpretar a Alba buscaba una niña de 11-12 años que no fuera lo suficientemente adolescente como para estar pensando “¿cómo me veo? ¿qué tan linda estoy?, que pueda todavía sumergirse en el juego, pero también sea madura como para comprometerse en un proyecto así. La “Maca” tiene físicamente un montón de cosas que me intrigan, es una belleza extraña. Además es muy inteligente y tiene un mundo interior tan profundo que en muy pequeños gestos se va delatando. Encontrar una niña así es muy difícil. 
 
Las escenas con chicos tienen un registro tan natural que parece documental. ¿Cómo lo lograste?
Creamos un ambiente de confianza y complicidad. Maya Villacreces, actriz de EnchufeTV, me ayudó en los ensayos con los secundarios. En rodaje trabajábamos con una situación, como: vamos a estar jugando a la botella y tenemos que llegar a esto, pero los diálogos fueron muy improvisados. La premisa era “esto es de verdad”, y los chicos se metían, se olvidaban de la cámara, se sumergían.
 
¿Cómo fue la experiencia de actuar en “Sed” (estrenada en junio)? ¿Qué rol disfrutas más: guionista, directora, actriz? 
Siento que soy guionista y directora mucho más que actriz, pero de todos modos fue una experiencia importante, nunca había actuado (aparte de ejercicios en la universidad), y al hacer un papel de ciega en una película de suspenso aprendí mucho. Hay cosas que solo como actriz las puedes sentir. Entendí el nivel de vulnerabilidad que tienes cuando eres actriz, un director finalmente está del otro lado, los actores son la cara de la película.
 
 
¿Qué nos puedes contar sobre “La piel pulpo”, tu próxima película?
Nace de una búsqueda que quiero hacer sobre las relaciones de hermanos: la intimidad en la fraternidad. Los personajes tienen 17 años; la película se desarrolla en una playa de Santa Elena, donde pasé mucho tiempo en mi infancia. Ganó el año pasado el premio a Desarrollo de proyectos del CNCine y el Huber Blas de escritura de guión, que involucra talleres en Rotterdam, Chile y México. Lucrecia Martel (directora argentina de filmes como “La Ciénaga” y “La mujer sin cabeza”) es una de las creadoras de este taller que tiene entre sus instructores a Mariano Llinás (Argentina) y Nicolás Pereza (México).