¿Cualquier disidencia es traición? | Vistazo

¿Cualquier disidencia es traición?

Opinión, Patricia Estupiñán

Patricia Estupiñán

¿Cualquier disidencia es traición?

Miércoles, 01 de Noviembre de 2017 - 12:36
Buscando el poder total, Rafael Correa consideró a “cualquier disidencia una traición”. Estructuró mecanismos de control que permearon a todo el aparato público y amordazaron a los individuos para evitar que se filtren a la sociedad las deficiencias del sistema perfecto que vendía su aparato de propaganda.
 
El sistema educativo no fue inmune. Para ser contratados, los maestros debieron firmar un “código de ética”, que entre otras cosas exigía tramitar cualquier denuncia de irregularidades a través de los rectores: asegurando así un manto de silencio.
 
En Guayaquil, la rectora del colegio Réplica Aguirre Abad, donde 84 niños fueron abusados por cuatro maestros, estuvo más preocupada por la institución que por las víctimas. En un principio se negó a proporcionar los datos del agresor a la madre de uno de los niños violados, después quiso asegurarse que limite su declaración, acompañándola al juzgado; y por último, cuando la policía fue a buscar a los maestros delincuentes hubo demora para permitir el ingreso, tiempo suficiente para que el principal agresor huyera.
 
Este silencio ominoso también contagió a los maestros: resulta imposible pensar que el abuso no fue advertido por ninguno de los 50 profesores del plantel o que persona alguna no supiera que a los pequeños se los grababa como parte de un negocio pornográfico. 
 
En este trágico silencio también hubo otros cómplices: las autoridades educativas. Uno de los acusados de violación es un maestro que había sido separado de otra institución pública por agresión y que además era portador de VIH. Otro de los delincuentes, en cambio, ni siquiera tenía título de maestro. Igualmente, poco les preocupó que la rectora no cumpla con los requisitos exigidos para ser nombrada en ese cargo.
 
Ansiosas de llenar las 1.600 vacantes dejadas por maestros que fueron jubilados y que habían pertenecido a la UNE, las autoridades distribuyeron las plazas no por méritos, sino por afinidad ideológica para que sean parte de la “Red de Maestros”, apéndice político de Alianza PAIS, como fue el caso de la rectora del colegio Réplica Aguirre Abad.
 
La máscara publicitaria ha caído y el país observa absorto, que en la “mayor revolución educativa” de la historia del país no existe. En los suntuosos edificios, ha ocurrido una epidemia de agresiones sexuales y ha sido escondida en un manto de impunidad.
 
Según diario Expreso, solo en Guayas se callaron dos mil casos. Estos serían apenas una cuarta parte del total de agresiones pues por encuestas de Unicef se conoce que solo 25 por ciento de los delitos sexuales contra menores se denuncia y cinco por ciento se castiga judicialmente.
 
¿Qué clase de sociedad hemos construido, si los más pequeños no tienen protección en el sitio que deben sentirse más seguros? ¿Cuando los niños abusados por este sistema perverso de silencio e impunidad, crezcan, y pregunten ‘¿por qué no me ayudaron?’, ¿qué responderemos?
 
La traición no está en la disidencia, sino en haber desamparado a los más indefensos por exigir que la lealtad a un hombre y a un partido reemplace a la lealtad de conciencia. Está en la indecencia de creer que es normal lo anormal: Dividirnos como sociedad y glorificar lo que nos divide, mentir sobre la verdad y llamar verdad a las mentiras.