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Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

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Jueves, 22 de Febrero de 2018 - 16:24
El atentado narcoterrorista en San Lorenzo, que destruyó decenas de casas y no mató a nadie, evidencia el eje maestro de la mafia, no le hicieron daño a civiles inocentes porque no estaban cuando se puso la bomba, obviamente, porque fueron avisados con una propuesta que no se podía rechazar. O en su defecto el eje maestro de los amos de la desinformación, no se dijo la verdad para no causar pánico el día de la consulta.
 
En todo caso da lo mismo, porque nunca se sabrá oficialmente la verdad. Lo que sí se sabe con certeza porque es el objetivo de un atentado terrorista, causar terror, es que el atentado provino de disidentes del acuerdo de paz con las FARC. Y aquí se replantea una larga historia en la que el Ecuador ha jugado durante décadas varios roles para minimizar el efecto de ser vecino de una guerra civil. Pero ahora no es el comienzo de una guerra civil con coreografía política sino el inicio de una guerra civil con narco coreografía.
 
Esto se veía venir desde hace años y se lo había advertido por los precedentes acuerdos de paz y desmovilización de guerras de guerrillas en América Central y África. Sin embargo, cuando el gobierno de Colombia negoció en La Habana el acuerdo con las FARC el Ecuador jugó la carta pasiva de emocionado espectador que cruzaba los dedos para que se firme el acuerdo. Y ahora la república se halla abocada a un hecho consumado.
 
Las tropas de una guerrilla son generalmente reclutadas entre adolescentes que desde tierna edad se dedican a tiempo completo a actividades paramilitares de tropa, de tal suerte que cuando llega la hora no deseada ni buscada de entregar las armas se quedan en la desocupación. Esa hora es no deseada ni buscada porque un guerrillero aspira a no entregar nunca las armas igual que el inmortal comandante Fidel Castro.
 
De modo que si terminan las acciones políticas de la actividad paramilitar con un acuerdo de paz que no los toma en cuenta no les queda otra alternativa que la lucrativa industria del narcotráfico con arancel cero y libre de impuestos que le saca la lengua a fonditos estatales de cultivos alternativos.
 
Esta actividad colateral del tráfico de drogas es acompañante de las guerrillas, en África, Asia o América, así como el contrabando de diamantes o el tráfico de órganos y personas, y la piratería a tanqueros petroleros. Más aún cuando el Ecuador como país de tránsito del narcotráfico está enclavado entre los dos mayores productores mundiales de cocaína, Colombia y Perú. En tal virtud el problema no solo se queda en vigilar la zona fronteriza, más aún cuando la penetración del macrotráfico cuenta ahora con el invalorable apoyo de distracción del microtráfico apalancado por una increíble tabla de libre consumo.
 
La tarea que se viene desborda la agenda bilateral que si solo se ejecuta militarmente ayudaría a empujar a los disidentes de las FARC hacia el Ecuador, mejorando la situación para Colombia que debe ofrecerles lo que no les da el acuerdo de paz.