Caudillismos eternos | Vistazo

Caudillismos eternos

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

Caudillismos eternos

Viernes, 06 de Abril de 2018 - 12:12
Si la tendencia que marcan las encuestas se mantiene, el próximo presidente de Colombia puede ser un uribista. Y pertenecer al uribismo en Colombia es algo mucho más complejo que encasillarse en la derecha política.
 
Iván Duque puede ganar la Presidencia en las elecciones de mayo y junio (está 16 puntos encima de Gustavo Petro, exalcalde de Bogotá y exguerrillero del M19) y con ello, entregar el poder a su ‘legítimo dueño’, el exmandatario Álvaro Uribe.
 
Curioso, este abogado de 41 años y tecnócrata vinculado a los organismos multilaterales (fue consultor para Colombia, Ecuador y Perú en los directorios del BID) quiere llegar al poder con los libretos de lo más recalcitrante de la política tradicional latinoamericana: la estigmatización, la polarización y el patrioterismo en extremo.
 
Su partido (mejor dicho, el de Uribe) sustenta su campaña en el miedo a que Colombia se vuelva Venezuela, por la influencia que el ‘castro-chavismo’ tendría en candidatos como Petro.
 
Sin embargo, no han sido pocos los analistas, políticos y periodistas que ven en el proyecto de Duque un afán refundacional de las instituciones colombianas. Su propuesta por reformar la Justicia, creando una gran corte que unifique a los seis tribunales existentes podría facilitarle un control político de inesperadas consecuencias. Y como aquello requeriría un cambio constitucional, hasta le puede facilitar a su mentor, el exmandatario, una nueva reelección en 2022. Si Duque gana, el uribismo volverá a controlar Colombia ocho años después.
 
El patético fin de la carrera política de Pedro Pablo Kuczynski no se explica únicamente por su bulto de desaciertos, indiferencias y escándalos de corrupción que atizaron el escenario de ingobernabilidad latente desde su apretadísimo triunfo en segunda vuelta frente a la candidata del fujimorismo.
 
Es este apellido, y todo el ADN político que lleva por dentro, el que marcó el ritmo de un presidente que gustaba del baile. Los hijos de Alberto Fujimori no han tenido empacho en declararse la guerra (hasta con investigaciones judiciales de por medio) para recuperar el poder que se les esfumó hace casi 18 años.
 
Keiko Fujimori ha demostrado ser una política sagaz y con amplias bases sociales. Por eso, en su afán por trazar la cancha política del Perú del futuro, ‘rompió’ con su hermano Kenji, gestor del indulto de PPK al nefasto expresidente que indignó a un país dividido y desigual. Millones de peruanos cuestionaron el perdón a un violador de los derechos humanos, mientras que otros tantos aún lo recuerdan por su obra pública y la guerra a muerte contra el terrorismo.
 
En Colombia y Perú, el caudillismo pretende mutar en políticos jóvenes para mantener intactos sus intereses de siempre: adueñarse del poder y usufructuar de él todo lo que se pueda, en nombre de un pueblo que por masivo es inidentificable.
 
En su causa no hay límites institucionales ni reglas de juego escritas en piedra. Basta con estar en la ola de la popularidad para cambiar constituciones y construir dictaduras. Y en eso, la franquicia ‘castro-chavista’ no es la única experta. Ecuador, como sociedad, debe estar atento con lo que ocurre con sus vecinos para no reencauchar tiranías…