Bienvenida deflación | Vistazo

Bienvenida deflación

Opinión, Alberto Acosta-Burneo

Alberto Acosta-Burneo

Bienvenida deflación

Jueves, 07 de Diciembre de 2017 - 13:50
Desde junio, hay una tendencia a la reducción en los precios en la economía ecuatoriana. Hay quienes se alarman porque consideran a la deflación (caída generalizada en los precios) una enfermedad peligrosa. Sin embargo, la realidad es distinta. La deflación no es la enfermedad, sino la medicina para que la economía vuelva a crecer. Expliquemos por qué.
 
Todo empezó en 2007 con la bonanza petrolera que generó un fortísimo crecimiento de la liquidez en la economía ecuatoriana. En paralelo, el gobierno quintuplicó su gasto y forzó una reducción en las tasas de interés para abaratar el costo del dinero. La inversión pública y la privada crecieron agresivamente. Fue entonces cuando la economía se infectó con una silenciosa enfermedad: en una década, los precios ecuatorianos subieron 25 puntos porcentuales más que los norteamericanos. Nos transformamos en un país caro.
 
La crisis se produjo en 2016 cuando, por el descenso en los precios del petróleo, el gobierno no pudo seguir “inflando” la economía a través del gasto fiscal. A pesar del rápido endeudamiento público, la liquidez comenzó a fallar. Se evidenciaron las malas decisiones, cuando los rendimientos en los proyectos de inversión no fueron los esperados. Mucha de esa infraestructura se dejó subutilizada, cayó la producción y el empleo.
 
Desde 2017, vivimos una etapa de corrección económica por la falta de consumo que reduce gradualmente los precios (deflación). La caída en los precios de los productos finales presiona, a su vez, a una reducción en los costos de producción. Cuando este proceso concluya, volverá a ser rentable utilizar las instalaciones abandonadas durante la crisis y la producción será competitiva nuevamente.
 
Sin embargo, el gobierno no entiende el proceso que está viviendo la economía y falla diametralmente en sus recetas para curar la crisis. Como hemos visto, el descenso en los precios es la cura a la enfermedad, mientras que la expansión indiscriminada del gasto público es su origen. Queda claro que es un error querer curar al paciente con más gasto público y creando más impuestos.
 
El problema de la errónea política pública de “inflar” nuevamente la economía ampliando su nivel de gasto, es que frena el natural proceso de reducción en los precios internos. Los nuevos impuestos a las grandes empresas e importadores elevan los costos de producción, destruyen competitividad y terminan disminuyendo la oferta. Finalmente, la cuenta la terminamos pagando los ciudadanos porque, a menor oferta, los precios suben.
 
Si nos contentamos con que la economía crezca un mediocre 2,5 por ciento anual, tendremos que esperar 50 años para tener el PIB per cápita que hoy en día tiene Corea del Sur, o 31 años para el de Chile, 16 años para el de Costa Rica o 10 años para el de Colombia.
 
El problema es que, cuando llegue ese momento, esos países habrán seguido creciendo aceleradamente, dejándonos nuevamente a la saga. Es momento de entender que solamente la productividad y competitividad (no el gasto público), son fuentes sostenibles de generación de bienestar. ¡Rápido! ¡Demos un giro de timón! ¡No nos condenen al subdesarrollo.