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Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

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Viernes, 01 de Junio de 2018 - 19:00
Los anillos élficos del poder para Lenín Moreno no solo son Ejecutivo, Legislativo y Judicial sino él mismo, Jaime Nebot y Alianza PAIS o el Estado, el sector productivo y la nueva mayoría en la Asamblea parida por consulta popular.
 
Esto florece en el proyecto de urgencia económica para el fomento productivo, la atracción de inversiones, la generación de empleo y la estabilidad y el equilibrio fiscal, que es versión corregida y aumentada de la ley Nebot de beneficios tributarios para nuevas inversiones productivas, generación de empleo y prestación de servicios, promulgada en 2005 y derogada en 2007.
 
El problema de fondo para la ciudadanía no es murmurar cuándo Moreno y Nebot se pusieron de acuerdo, si en la primera vuelta o la semana pasada, o si Alianza PAIS se ha derechizado con Moreno y dejado atrás el socialismo de Estado castrochavista, o si las cámaras de la producción están cogobernando sin ser elegidas por el pueblo… el problema de fondo es si va a funcionar ese esquema legal que trata de recuperar para la producción nacional una justa y necesaria participación del sector privado marginado y perseguido selectivamente en el correato, y no solo buscar jugosas utilidades sin pagar impuesto a la renta. Eso el tiempo lo dirá, pero hoy corresponde analizar si las medidas serán efectivamente beneficiosas en términos de país sin lesionar los intereses de la ciudadanía y especialmente de los más pobres. En definitiva, si no hay sobreprecio en el honorario de exonerar de impuesto a la renta a las inversiones que generen más plazas de empleo adecuado, ni tampoco fuga de ingresos para que el fisco atienda salud, educación y seguridad.
 
Para el efecto lo mejor es partir de la realidad y no de prejuicios ni suposiciones a favor o en contra, y en esta perspectiva es una base cierta los resultados que tuvo la ley Nebot en dos años de vigencia. El resultado concreto fue que no hubo ni una sola inversión nueva del sector privado en los sectores promovidos, y que la única inversión registrada es en prestación de un servicio público como antecedente de lo que hoy se conoce como asociación público privada. Este fue el servicio del puerto de aguas profundas de Posorja, concedido con la ley Nebot a Alinport, consorcio hispano ecuatoriano, que nunca arrancó, y que con la ley Correa de asociación público privada se asignó a DP World de Dubái asociada a Pronobis, actualmente en operación. La versión Moreno de la ley Nebot no requiere inversiones de nuevas empresas sino nuevas inversiones de empresas existentes lo cual parte de una base concreta.
 
Esta base será la que permita separar dos clases de renta, la existente no exonerada y la nueva exenta de tributos, pero aquí viene la dificultad de montar en su sitio a cada una para que coseche el fisco, no únicamente por reducir el gasto y ordenar la contabilidad sino por crecimiento de la producción.
 
Esta será la prueba de fuego para que el esquema perdure y no resulte en asalto de desquite.