San Lorenzo, nunca más | Vistazo

San Lorenzo, nunca más

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

San Lorenzo, nunca más

Viernes, 09 de Febrero de 2018 - 15:59
Eran varias las voces que aseguraban que Colombia no estaría lista para lidiar con las FARC del posconflicto. Los acuerdos políticos y de reparación que se habían acordado, con un plebiscito fallido de por medio, en octubre del 2016, permitían a la cúpula guerrillera entrar en el camino de la legalidad. Pero tendrían muy poco efecto en las bandas armadas que, desarticuladas y dispersas, seguirían vinculadas a los cárteles del narcotráfico y al crimen organizado.
 
Y de lo que se constató la madrugada del 27 de enero, con el ataque terrorista en el fronterizo cantón esmeraldeño de San Lorenzo, Ecuador tampoco estuvo preparado para lidiar con esos grupos donde la presencia estatal de ambos países es débil y poco efectiva.
 
Luego de los acuerdos fronterizos con el Perú, en 1998, la política exterior y de defensa nacional obligó al Ecuador a entender que había un cruento conflicto colombiano que trajo más de un dolor de cabeza: tráfico de drogas, mafias, desplazamientos forzados, pobreza, inseguridad y distanciamiento diplomático.
 
El episodio más duro se vivió en marzo del 2008, con el bombardeo de Angostura, que desveló el irrespeto político del gobierno colombiano de entonces y las profundas estructuras cómplices, a todo nivel, que hicieron del Ecuador un buen escondite para los guerrilleros.
 
La década de la Revolución Ciudadana coincidió con el incremento de la actividad de poderosos cárteles de la droga, colombianos y mexicanos, en este país de tránsito. Era un secreto a voces, incesante y a ratos indolente. Y, sobre la base del conteo de toneladas y de los golpes espectaculares al narcotráfico, el gobierno de Rafael Correa mostró su compromiso con la seguridad, advirtiendo que no era necesario que EE.UU. realice tareas de interdicción y vigilancia. ¿Fue una buena decisión no haber renovado el acuerdo de la Base de Manta?
 
La explosión del 27 de enero en el cuartel policial, mostró a un Ecuador vulnerable, muy a pesar de que el Gobierno señale que esta responde a una retaliación por la presencia efectiva del Estado en esa zona y a que su par colombiano aplica sendos controles en su lado fronterizo. El abandono que caracteriza a Esmeraldas, desde siempre, es el caldo de cultivo perfecto para ese tipo de actividades.
 
Más allá de cualquier diagnóstico –técnico o político-, lo que debe preocuparle al país es el riesgo de que un nuevo acto terrorista vuelva a ocurrir, donde el objetivo no sea solo hacer gala de la fuerza, sino cobrarse la vida de muchas personas e instalar el miedo de manera definitiva. Ni este ni el anterior Régimen han mostrado una política consistente para terminar con el foco de esa violencia: la presencia de los cárteles de la droga.
 
Los esfuerzos que ha hecho Colombia por terminar con su conflicto interno no pueden derivar nuevamente en una crisis fronteriza. Ahora que el fantasma de la ideología ya no cuenta en el combate a los grupos armados, urge una recia cooperación binacional.
 
Ecuador no se puede acostumbrar a las explosiones inesperadas ni a contar los muertos por decenas. Tampoco, a vivir dentro de protocolos, requisas y toques de queda. Esas medidas extremas marcan a las generaciones por siempre. El terrorismo no puede ser la lacra de los nuevos tiempos.