Viaje al fondo del mar | Vistazo

Viaje al fondo del mar

Opinión, Santiago Roldós

Santiago Roldós

Viaje al fondo del mar

Viernes, 09 de Febrero de 2018 - 15:54
En 1997, las dos primeras preguntas del referéndum convocado por Fabián Alarcón, relativas a legitimar su inconstitucional ascenso al poder, tras derrocar a Abdalá Bucaram, obtuvieron en promedio el 58 por ciento de aprobación.
 
En 2006, las tres preguntas articuladas por Alfredo Palacio, a los pocos meses del derrocamiento de su compañero de fórmula Lucio Gutiérrez, fueron aprobadas con más del 64 por ciento del electorado.
 
En 2007, la única pregunta planteada por Rafael Correa para cerrar al Congreso, convocar una Constituyente y enterrar a la llamada partidocracia de Lucio, Palacio, Alarcón, Abdalá, etc., ganó con más del 80 por ciento.
 
En 2018, las siete preguntas de Lenín Moreno, dirigidas a enterrar el legado y la posibilidad del regreso de su exlíder y correligionario Correa, han obtenido en promedio más de un 70 por ciento.
 
Más que al típico péndulo de los vaivenes ideológicos de los pueblos, el Ecuador electoral de estos 20 años se parece a la serie de los 60 “Viaje al fondo del mar”, cuya tripulación, cada vez que enfrentaba una crisis, daba tumbos de un extremo a otro del submarino nuclear.
 
Por debajo de la impresión de los cambios, la gran constante de todo este tiempo ha sido decirle SÍ siete, 15, 20 veces al poder, sobre todo si ese SÍ implicaba enterrar, negar o limitar al régimen o al líder inmediatamente anterior.
 
Es en ese sentido contradictorio en el que encuentro una línea de continuidad que, lejos de desmontar la estructura de nuestro patriarcado, lo que hace es afianzarla.
 
Los ideales y procedimientos de Alianza PAIS siempre han sido cercanos a los del mexicano PRI: la reducción de la sociedad a frentes de cooptación; el empoderamiento de una clase tecno burocrática coludida con clases empresariales establecidas y emergentes; la promoción mercadotécnica de un patriotismo de postín; el exterminio y secuestro de la democracia al interior de un partido-Estado, auto identificado como la Nación entera; etc.
 
Una piedra angular de ese proyecto de cooptación y empoderamiento fue, en el PRI, la institución de la sucesión presidencial, el obligado cambio de cacique para poder afianzar el cacicazgo, entendido como reparto de las diversas familias en pugna.
 
Por supuesto que el PRI lo hizo desde su fundación de manera más ordenada y profesional que Alianza PAÍS. Pero igual a los 70 años acabaron dando tumbos y dándose balazos entre sí.
 
La otra piedra angular para la cristalización de un proyecto de control del poder de este tipo, que concibe no aferrarse a un líder más de lo que la democracia formal aconseja, es el dinero sucio: el PRI, y por lo visto también Alianza PAIS –y el PP en España–, son partidos que funcionan como verdaderas asociaciones criminales, administradoras de las demás mafias.
 
Por eso me parece que la democracia ecuatoriana, en los próximos años, se va a deliberar menos en la Asamblea Nacional y más en las guerras del narco en nuestro territorio, cuyas primeras escaramuzas ya estamos experimentando. Eso, como en el México post priista de hoy, también será parte del legado, entre comillas, “revolucionario”.