La caída de Mangas | Vistazo

La caída de Mangas

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La caída de Mangas

María Belén Arroyo | [email protected] Jueves, 21 de Diciembre de 2017 - 17:01

Audio

El exhombre fuerte de Carondelet, el ecuatoriano-nicaragüense Eduardo Mangas, explica la razón de su renuncia tras la filtración de un audio donde sus palabras, según él descontextualizadas, pusieron en
jaque la credibilidad del régimen.
 
El tsunami dejó una baja. El audio de una intervención reservada del secretario general de la Presidencia, Eduardo Mangas Mairena, ante un grupo de gobernadores, se filtró a través de las redes sociales. Doce días después, renunció a su cargo.
 
Vistazo lo encuentra en su departamento en Quito. Prepara apuntes que entregará a su sucesor, Andrés Mideros, quien –al inicio del gobierno de Lenín Moreno– asumió como secretario nacional de Planificación.
 
Mangas hizo un voto de silencio en tiempos de calma; lo mantuvo en la tempestad. Ahora, son otras las circunstancias. “Por respeto a la posición que cumplí, y por respeto al Presidente preferí no hablar. Con mi salida busco evitar especulaciones que pudieran afectar a un gobierno que en seis meses logró gobernabilidad y paz interna”, explica.
 
 
La filtración del audio “Fue un acto ilegal. Como somos personas de paz, no hemos hecho escándalo alrededor del espionaje, al montar un aparato para grabar una onversación privada, y difundir fragmentos para hacer daño”. Es cauto al ahondar en su intervención. “Diálogos he tenido por decenas, siquiera 40”.
 
El audio completo es revelador. Se lo escucha explicar a coidearios el contexto de las fricciones con la facción correísta. La alocución advierte que el grupo disidente está próximo a conformar una nueva organización política.
 
Hay un tono de autocrítica cuando habla de errores en la última década. Remarca dos: primero, haber respondido con prepotencia y necedad, frente a las demandas de sectores de la sociedad. ¿Segundo? La percepción de que el exmandatario y varias figuras de Alianza PAIS cerraban filas para defender al vicepresidente Jorge Glas, cuando las evidencias sobre casos de corrupción, especialmente Odebrecht, tomaban cuerpo.
 
“No había organización de mujeres con la que no estuviéramos peleados. Perdimos legitimidad por fallas en ciertas políticas y por prepotencia”. Por ello resalta la urgencia del diálogo con un límite: el interés particular no puede estar por encima de la mayoría.
 
“Esto fue descontextualizado para deslegitimar el diálogo, la consulta popular es el resultado de meses de sistematizar las demandas de distintos sectores”.
 
Cuando habla de los errores internos, Mangas señala en el audio que “casi perdemos” las elecciones. “Hablo de pérdida en comparación con los procesos anteriores”, aclara.
 
Paso al costado
 
Al renunciar, quiere diferenciarse de las prácticas de la década anterior. Busca defenderse sin el blindaje del poder. Sigue siendo adherente (simpatizante) del proceso político. 
 
De acaparar poder se le acusó los casi siete meses que acompañó al presidente Moreno. Desde fines de mayo, fue clave en Carondelet. Reunió en una sola figura las funciones de secretario general de la Administración y de secretario de la Presidencia. Era el equivalente a un “Primer ministro”. También representó al Ejecutivo en los directorios de empresas de petróleo.
 
En Carondelet se hablaba de él como una figura “Tanto o más poderosa que Vinicio Alvarado en sus mejores tiempos”. Ante la pregunta esboza una sonrisa. “No tengo vínculo empresarial; ni interés político, ni afán por protagonizar. Dos días cada semana, he estado en algún lugar del país supervisando una obra, sin que nadie lo supiera; he trabajado de 15 a 18 horas por día”.
 
“He diseñado un sistema de alertas y seguimiento a la gestión del gobierno. Apoyé al Presidente con profesionalismo. Cada sábado recibe un listado de temas pendientes para que la semana siguiente pueda pedir correctivos. En seis meses, se han solucionado problemas graves pero simples de resolver, desde el transporte escolar en zonas rurales, hasta sincerar las fallas en la educación superior, sin egos y sin prepotencias. No hemos dejado de pagar un solo salario”.
 
Varias gobernaciones, consultadas por Vistazo, confirman que la política de comunicación interna cambió. Entrevistados coinciden en que él fue el encargado de apaciguar la tormenta política que quiso desatar el expresidente Correa, quien llegó al país, sorpresivamente, a fines de noviembre.
 
Por paradojas del destino, años atrás, Mangas apoyó el proceso político promovido por Correa. Por eso, el excandidato Guillermo Lasso cree que “el señor Mangas declara que no hay ningún cambio, que el diálogo es una estratagema para calmar a la sociedad y que además, crearon un frente anticorrupción para crearle un contrapeso a la comisión anticorrupción ciudadana que decía la verdad”.
 
“Soy ecuatoriano”
 
Los detractores de Mangas cuestionan su origen nicaragüense y su militancia sandinista. Critican que fue viceministro en el gabinete de Daniel Ortega, en 2010, cuando ya tenía la nacionalidad ecuatoriana. A Ecuador había llegado poco antes; por su relación con la actual canciller María Fernanda Espinosa.
 
No reniega de su origen. “Pasé mi infancia en medio de una guerra, crecí en un hogar de clase media baja”. A los 14 años, tomó una opción política que él califica de “Socialista, de izquierda y progresista”.
 
Hoy, a sus 44, sigue creyendo que el rol del Estado es fundamental, pero que “No se puede minimizar el papel de la empresa privada, que tiene derecho a ganar; aunque sus ganancias nunca pueden ir en detrimento de las mayorías”.
 
Su carrera despuntó en la Organización de Naciones Unidas (ONU), a la que se vinculó en 2001.
 
En 2008 fue jefe del gabinete de Miguel d’Escoto cuando éste – exsacerdote y excanciller– presidió la Asamblea General número 63 de la ONU. Ese año conoció a la entonces embajadora ecuatoriana ante la ONU, María Fernanda Espinosa.
 
“En 2006 volvió a gobernar el presidente Daniel Ortega. Decidí no regresar a Nicaragua y continuar mi trabajo en Nueva York. Pero en 2009 renuncié a mi carrera para venir a Ecuador por mi compañera María Fernanda. Sin embargo, el presidente Ortega me pidió colaborar con él un tiempo antes de venir a apoyar el proceso ecuatoriano, por eso viajé con frecuencia entre ambos países por un año”. “Tengo cédula ecuatoriana, este es mi país y el de mi familia”.
 
“No cabe hablar de traición”
 
¿Moreno aceptó que le impusieran la candidatura de Glas?
 
La decisión de la candidatura para la Vicepresidencia la debía acoger el presidente Moreno. La aceptó porque fue la propuesta de Rafael, del equipo de Alianza PAIS como grupo. Democrático como es Lenín, lo hizo, a pesar de las dudas que existían, eran meses de ataques en los medios.
 
¿No resultaron ser reales las denuncias de corrupción?
 
Varias de ellas resultaron ser ciertas con el tiempo. Ese es el sentido de la conversación. Eso a qué persona racional no deja de asustarle.
 
¿Sospechaban de falta de transparencia?
 
El cuestionamiento real nos hemos hecho a partir del 1 de junio, cuando estalló el asunto de la vinculación del tío de Jorge Glas con la empresa Odebrecht. El Presidente decidió enfrentar de manera sincera el flagelo. Se había politizado la lucha contra la corrupción. Cuando el Presidente decide que las funciones cumplan con su rol, esa fue la primera medida para terminar con la confrontación con el grupo de personas que denunciaban con fines políticos.
 
Usted llegó al país a colaborar con Ricardo Patiño. ¿Es un traidor según Correa y Patiño porque se alineó con el ala morenista?
 
No hay ala morenista, sino un ala de compromiso con el país y los orígenes del proceso político. Crecí en un país en guerra; aprendí que uno se compromete con los procesos políticos, no con las personas. En 2016, desde Ginebra (donde acompañé a Lenín Moreno en su función de enviado para Discapacidades, porque yo sabía cómo funciona el multilateralismo), él escribió una carta explicando cada una de las medidas que él propone. Es lo que ha hecho. Esa carta la recibieron el equipo político y Doris Soliz, entonces secretaria de AP. Así que de traición no se puede hablar.