¿Reserva moral? | Vistazo

¿Reserva moral?

Opinión, Patricia Estupiñán

Patricia Estupiñán

¿Reserva moral?

Jueves, 07 de Diciembre de 2017 - 13:28
“¡Cuánta doble moral!” hay en el expresidente Rafael Correa. En su reciente visita dijo: “Que alguien demuestre que he tomado 20 centavos del pueblo ecuatoriano para mi usufructo personal y me pego un tiro”. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Aunque sus cuentas estén limpias, él es responsable de que en su gobierno hubo despilfarrado, corrupción y el irrespeto a las leyes y derechos democráticos.
 
El despilfarro es evidente en obras como la Refinería del Pacífico, la repotenciación de la refinería de Esmeraldas, Yachay, para citar unas pocas. Tan grave fue su ligereza para administrar los recursos que según dijo su exsecretario jurídico Alexis Mera: “El presidente Correa no conocía del inicio de la construcción del poliducto Pascuales-Cuenca y montó en cólera cuando supo el costo, se lo consideró un dispendio”.
 
¿Cómo se pudo iniciar la construcción de una obra de 500 millones de dólares sin el conocimiento de quien tuvo la responsabilidad de cuidar el dinero que nos pertenece a 17 millones de ecuatorianos? 
 
Tampoco, el expresidente ha reconocido la corrupción sistémica de su régimen. Se ha limitado a sostener: “Hay casos aislados y nosotros los denunciamos”. La corrupción no se limitó a casos aislados: hay serios indicios de corrupción en los principales proyectos de infraestructura y todo el sistema está contaminado cuando están enjuiciados un vicepresidente, varios exministros, gerentes y hasta un contralor del Estado prófugo. Igualmente es falso que el régimen denunció los casos, lo hicieron la prensa y la justicia extranjeras.
 
Defendiendo al vicepresidente Glas, Correa sostuvo que es “un preso político y los jueces se han rendido al poder”. ¿Es Glas un preso político o un político preso? Por las evidencias, Glas es un político preso.
 
Odebrecht logró una posición privilegiada para obtener contratos porque hubo una “mano invisible” que lo permitió. Su tío Ricardo Rivera fue el nexo para lograrlo. En cambio, donde sí se rindieron los jueces al poder fue en el gobierno de Correa. Bastaba nombrar a alguien en una sabatina, para que el lunes un diligente fiscal inicie el proceso. Los verdaderos perseguidos fueron quienes denunciaron la corrupción. Unos fueron forzados a huir y otros, inclusive, obligados a pagarle indemnizaciones: Emilio Palacio, Fernando Villavicencio, Cléver Jiménez, Galo Lara, los 10 de Luluncoto, Mery Zamora, para citar algunos nombres.
 
También afirmó: “Estamos entrando en una dictadura”, ante la convocatoria a la Consulta Popular, sin esperar el fallo de la Corte Constitucional. ¿Hay algo más democrático que consultar a los ciudadanos?
 
¡Qué ironía! El mandatario que puso en vigencia una de las leyes de comunicación más represivas, exigiendo un trato especial y hablando de que hoy no “hay libertad de prensa en Ecuador”. Esperó una cobertura amplia y permanente de su viaje, cuando ya es un ciudadano más. Paradójicamente la más generosa cobertura provino de los vilipendiados medios de “la prensa mercantilista”.
 
Parece que Correa no ha comprendido que el poder existe mientras quienes lo detentan son guardianes de la fe pública, pero se esfuma cuando esa confianza se destruye. La mayoría de ecuatorianos hoy no considera cierto lo que él se proclama “Somos la reserva moral del país”. El limitado respaldo a sus convocatorias y el gran repudio a su presencia en todos lugares que visitó reflejan que él sepultó la fe ciudadana con su régimen de despilfarro, corrupción e irrespeto a las libertades y las leyes.