Elecciones | Vistazo

Elecciones

Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

Elecciones

Viernes, 31 de Agosto de 2018 - 15:10
En todas las democracias del mundo, incluso las mejores y más estables, la proximidad de elecciones acelera el pulso y los cálculos políticos posponiendo y alargando medidas económicas. La república de papel en la mitad del mundo no es la excepción y acaba de presenciarlo. En otras latitudes de mayor desarrollo político el calendario por lo menos se conoce con anticipación, especialmente en las repúblicas presidenciales pues en las parlamentarias se puede anticipar los comicios. El Ecuador no es la excepción y como es una democracia plebiscitaria en 2017 hubo elecciones presidenciales, en 2018 consulta popular y en 2019 habrá de alcaldes, prefectos y consejeros de Participación Ciudadana.
 
Consecuentemente el gatopardo, que todo cambia pero nada cambia, embadurnó de vaselina el proyecto urgente, el subsidio a los combustibles, el déficit fiscal, el endeudamiento público, los proyectos sociales, las asociaciones público privadas, la amnistía tributaria, la atracción de inversiones y la generación de empleo… con el gran tacto de que en esta ensalada a la puttanesca se metió con todos en el mismo saco, pero por tramos, ofreciendo gentilmente a cada uno un lavamanos personal para que salga a vociferar su oposición aunque sea contra una motita de la gran cobija, pues hay acuerdo hasta en los desacuerdos.
 
De esta manera todos se vacunan debajo de la gran cobija para llegar inmunizados a las elecciones, así ninguno es culpable pero nadie es inocente. Mientras en cámara lenta se va proyectando el culebrón de austeridad y endeudamiento, sin que nadie atine a asegurar antes de las elecciones de que el paquete es un éxito o una farsa. Si habrá o no habrá despidos, si habrá o no rebaja en el déficit porque el plazo es hasta terminar el período, si habrá no nuevas inversiones o exención de impuestos porque el plazo legal es de dos años, si el modelo es o no exitoso porque nadie sabe cuándo empieza y todos coinciden en aplaudir solo los primeros pasos mientras se reservan el derecho a discrepar, y entre tanto los diálogos continúan hasta con los que juran que no dialogan.
 
Pero el gran dilema interno del gatopardo es lograr que este remanso neutralice a Alianza PAIS. Que no prospere la impresión de que a él le importa un pepino que el partido se vaya al carajo mientras los adversarios se recomponen en las elecciones y solo terminar con aceptación general su período, o que está resucitando a un cadáver insepulto con la respiración boca a boca de la lucha anticorrupción, el retorno a las reglas democráticas y la modificación pero no el cambio del modelo económico.
 
Aquí nuevamente todo termina en las urnas electorales, porque no se va a votar por fulanito para alcalde o zutanito para prefecto sino por un renovado espaldarazo que con claridad se va a proyectar en la elección de los consejeros nacionales de Participación Ciudadana y Control Social. Que es criatura de su creación por mandato de la consulta popular.