Distintas formas de Amar
Gabriela Tamariz
Formas de relacionarse hay tantas como circunstancias, preferencias, necesidades... Vistazo conversó con parejas y especialistas para ver qué nuevos tipos de relaciones hay en la sociedad ecuatoriana.
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Boda, casa y familia? No necesariamente. Si a inicios del siglo XX la sociedad ecuatoriana amplió su visión de la constitución de la pareja al aceptar el matrimonio civil, a inicios del siglo XXI ni la unión de hecho abarca los múltiples parámetros que rigen las relaciones entre hombres y mujeres.
Las estadísticas muestran el declive del matrimonio. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, el porcentaje de casados bajó más de tres puntos en la última década, mientras que aumentaron los que viven en unión, los separados y los divorciados.
¿En qué principios se basan actualmente las parejas? ¿Están preparados el Estado y la sociedad para admitir cambios en esta realidad?
Menos formalismos
Angélica, de 28 años, se refiere a su pareja como su esposo. Lo hace para evitar explicaciones de por qué está en contra del matrimonio. “Son contratos y el amor no es un contrato”, señala.
Viven juntos desde hace cuatro años en Quito. Su familia la apoya, pero cree que la sociedad aún no está preparada para estructuras no tradicionales. Percibe, por ejemplo, que en el ámbito laboral la convivencia aún es vista, en ocasiones, como falta de seriedad o estabilidad.
Los ingresos de cada uno lo consideran dinero de los dos. Arriendan un departamento y recién adquirieron un auto. Los préstamos los pide, como soltero, el que pueda ser calificado como mejor sujeto de crédito.
Considera un contrasentido que la unión libre se deba demostrar. La única ocasión que recurrió a la notaría fue para poder recibir utilidades. “La demostración se hace necesaria solo cuando deja de depender de los dos”.
Si formalizar ya no es importante para todas las parejas, tampoco lo son necesariamente conceptos tradicionales como convivencia, monogamia o procreación.
Ese es el caso de Elizabeth, de 26 años, quien decidió con su esposo no tener hijos, aunque familiares y amigos le insistan con la idea. “El mundo está de cabeza. La gente se preocupa por cosas superficiales. No le importa la naturaleza. No sabría cómo explicarle a un hijo eso”.
El Código Civil establece como requisitos para reconocer la unión de hecho una convivencia de más de dos años y una relación monogámica. Para el matrimonio exige además que las personas sean de distinto sexo. ¿Se ajustan estos parámetros a la realidad ecuatoriana?
Gayne Villagómez, abogada especialista en Derechos Humanos, sostiene que la Ley tiene que flexibilizarse en un debate bajo la perspectiva del Estado laico. Destaca la necesidad de encuestas que sustenten un cambio legislativo. “Hay que levantar una línea de base de cómo está viviendo la gente. No sabemos cómo es la familia ecuatoriana”.
Por lo pronto, la Ley no ampara a los que no cumplen con los requisitos de estabilidad, convivencia y monogamia. Para ellos, hay un vacío legal, explica María de los Ángeles Montalvo, docente de la Universidad Católica del Ecuador.
Villagómez recomienda bajar el tiempo para formalizar las uniones. “Lo de monogámico también es cuestionable, pues se basa en consideraciones morales, cuando debería depender de cada uno”. Carmen Corral, especialista en Seguridad Social, recuerda que el espíritu es determinar un mínimo de estabilidad.
Intentos de cambio existieron pero “las normas van de acuerdo con lo que la sociedad admite”, explica Montalvo. En 2002, presentó sin éxito un anteproyecto de Código de la Familia que reglamentaba el régimen de bienes para los que no cumplían los requisitos de una unión de hecho. “Fue demasiado innovador para la época”.
Mientras la Ley y la sociedad sintonizan con la realidad, Gissela Echeverría, terapeuta familiar, concluye: “Como estamos convencidos de que el matrimonio está condenado al fracaso, intentamos formas nuevas de organización. Pero hay que ir más allá y pensar qué hace que las parejas se divorcien”.
Tipo de pareja
Sin hijos por elección
Hay parejas que deciden postergar indefinidamente la procreación. Globalmente, se les denomina dinkys, por el acrónimo inglés para “doble salario, no hijos”. Entre las razones para esta decisión están la dedicación exclusiva al trabajo, la sensación de incapacidad para educar a un niño, la antipatía por los infantes... A las críticas de egoísmo, oponen motivos ideológicos como la preocupación sobre la sobrepoblación y su impacto ambiental. En Ecuador, el promedio de hijos por hogar se redujo de 2,3 a 1,6 en los últimos 20 años.
Testimonio
Juan y Alexandra llevan cinco años de casados. Han postergado la decisión de tener hijos al punto de que podría ser permanente. Ella tiene 26 años y él 33. Antes de conocerse ya tenían claro que seguir el “ritmo tradicional”: casarse y formar familia, no era lo suyo.
Ambos querían estudiar y viajar. Su primera meta fue tener casa propia. Él ya terminó la maestría que complementa su Ingeniería Comercial. Ella espera estudiar la suya en el exterior. Laboralmente perciben que es una ventaja no tener hijos.
En cuanto a viajes, su objetivo es visitar un lugar distinto cada año. Conocen Colombia, Panamá, Argentina, Uruguay y Brasil. Su próxima meta es Europa. “Los hijos son una bendición de Dios, pero sentimos que las parejas no disfrutan de sus sueños”, señala Juan.
Alexandra admite que cuando ve a su esposo jugar con los hijos de los vecinos le entran dudas. “Él es muy guagüero”, comenta. Pero ambos concuerdan en que la sociedad está demasiado insegura como para tener niños.
Tipo de pareja
Pareja puertas afuera
No viven en la misma casa no porque exista un impedimento, sino porque prefieren no hacerlo para conservar su autonomía o espacio personal. Por esta opción “semipresencial” suelen optar personas de mediana edad, con hijos y divorciadas que prefieren evitar las mudanzas y dificultades de ensamblar una nueva familia. Así comparten los buenos momentos que les dejan sus obligaciones. En los jóvenes suelen ser noviazgos largos en los que conservan la independencia del departamento de solteros o la comodidad del hogar paterno. Esta situación también es común cuando la pareja decide no casarse ante un embarazo no planificado. En Ecuador, el porcentaje de hogares con menos de tres personas subió tres puntos (12 por ciento) en la última década.
Testimonio
Tras 14 años de relación, Gayne asegura que "no todos están hechos para vivir juntos”. Ella tiene su departamento y Marcelo, el suyo. Emilio, su hijo de 11 años, pasa de lunes a viernes con ella y los fines de semana con él.
“Es mucho más sano. La convivencia genera conflictos. Eso se disipa cuando está cada uno en su espacio”, señala Marcelo. Ambos divorciados, comparten espacios como vacaciones y reuniones familiares.
Se preocupan el uno por el otro, se prestan dinero cuando lo necesitan y les unen visiones y discusiones comunes. Compraron un carro y comparten la empleada, que limpia ambas casas.
Intentaron vivir juntos, pero no superaron los siete meses. “Ninguno de los dos tiene el carácter para ser sometido al otro”, comenta él. “Como feminista jamás voy a permitir que se me reste tiempo para mi desarrollo personal por tener que servir a un hombre”, agrega ella.
Tipo de pareja
Relaciones abiertas
Son una pareja pero pueden relacionarse con otros sin que sea considerado una infidelidad. En algunos países se denomina MBA por la sigla inglesa de “casado, pero disponible”. El “permiso” puede ir desde el coqueteo hasta el contacto sexual. Las reglas suelen incluir el evitar comportamientos que provoquen celos o atenten contra la salud. Entran a una relación abierta para escapar de la rutina y preservar la relación o buscar nuevas sensaciones y superar distanciamientos emocionales. En 2011, Vistazo difundió una encuesta que señala que “48 por ciento de hombres y el 43 por ciento de mujeres vivieron al menos un episodio de infidelidad, pese a tener un compromiso estable”.
Testimonio
Eduardo tiene 45 años de edad y dos hijos. Cuando eran pequeños, la madre se marchó a Estados Unidos con otra persona. Al cuidado de los niños, su vida sentimental ocupó un lugar secundario.
Hace 10 años conoció a Susana. Doce meses después se convirtieron en novios y se fueron a vivir juntos. Esa experiencia no resultó, por lo que decidieron mantener una relación sin compromisos, posesiones o ataduras.
Eduardo considera que esta decisión les permitió mejorar la relación porque “no hay obligaciones de por medio que nos fuercen a hacer cosas que no queremos o a estar juntos cuando no nos apetece. El hecho de no vernos todos los días evita las peleas y más bien enciende la pasión”.
A su criterio, relacionarse así resulta saludable si no hay la suficiente madurez emocional para formalizar la convivencia. Eso sí, “siempre y cuando las reglas estén claras, prime el respeto, honestidad y consideración”, pues piensa que ser abierto no es ser promiscuo.
Tipo de pareja
Honorable fachada
Así denominan los expertos a la situación cuando el amor se acaba o la relación se complica, pero siguen compartiendo la casa tras la separación o divorcio. Entre las razones que puede tener una pareja para optar por esta “convivencia” están el mantener la apariencia de lo que se considera un “hogar normal”, proteger a los hijos, mantener el vínculo con los nietos... Sin embargo, este tipo de relación plantea retos respecto al derecho o necesidad de cada individuo de entablar nuevas relaciones. En Ecuador, el porcentaje de separados y divorciados pasó del dos al siete por ciento en los últimos 20 años.
Testimonio
Rodrigo Lojano, lleva 26 años de matrimonio. La relación fue buena hasta hace dos, cuando su esposa enfermó. “Le detectaron depresión y alcoholismo. Ella combinaba el alcohol con las pastillas que le recetaban”.
Margarita empezó a culparlo de sus trastornos. La convivencia se volvió insufrible y él se fue de la casa, donde quedaron sus tres hijos y su nieto. Rodrigo hablaba con ellos todos los días.
Aprovechando un viaje de su esposa, volvió a la casa. Tras dos meses, ella regresó sin recuperarse. Entonces, Rodrigo decidió quedarse para cuidar de los suyos. “Al principio fue difícil. No podíamos ni conversar. Pero luego la convivencia se volvió pacífica y hasta agradable...
Empecé a hacer cosas que no había hecho: preparaba el desayuno a los chicos, lavaba mi ropa... Ella salía con sus amigas, se iba de compras. Y volvía más relajada”.
A Rodrigo esta experiencia le resulta interesante, aunque no sabe qué fin tendrá. Por ahora, disfruta de “una relación libre, armónica y respetuosa”.
Marcando hitos
El año 2008 fue clave para la comunidad GLBTI ecuatoriana. La nueva Constitución, expedida ese año, en el artículo referente a la unión de hecho, no menciona “la unión de un hombre y una mujer” sino “la unión de dos personas”. Ese cambio les dio a las parejas del mismo sexo la posibilidad de formalizar su relación y de acceder a casi todos los derechos de una pareja casada: herencia, seguridad social, utilidades... Solo la adopción les fue vetada. Por este motivo, especialistas destacan que se avanzó en el tema de patrimonio, pero que falta luchar por las relaciones familiares. “Los derechos humanos son universales, no restrictivos, y no pueden aplicarse para una persona y no para otra”.
Testimonio
Thalía Álvarez murió el año pasado, pero su legado como defensora de derechos humanos sigue abriendo caminos para la comunidad GLBTI. Janneth, su pareja, recibió del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social la pensión de viudez. Esto constituye un hito en la lucha por la igualdad de género.
Ellas mantuvieron una unión de hecho durante casi cuatro años. Para alcanzar el reconocimiento de este derecho, Janneth tuvo que enfrentar el desconocimiento de la Ley. “Hubo discriminación de los funcionarios. Dijeron que no era viable porque nunca se había hecho”.
Thalía, antropóloga y feminista quiteña, murió de cáncer. “El cuestionamiento a la familia a través del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo remite insoslayablemente a otros cuerpos y a otros placeres”, es un pensamiento suyo recogido en la ayuda memoria del caso.
Candidata a la Asamblea Constituyente, su trabajo fue uno de los puntales del artículo 68 de la Constitución, que permitió la unión de hecho entre personas del mismo sexo.
Análisis
La sociedad tampoco es la misma
La forma como las personas se relacionan afectiva y sexualmente es cada vez más diversa. Heterosexuales, homosexuales, casados o solteros, con hijos o sin ellos... El abanico es tan amplio como las circunstancias, preferencias, necesidades...
Para la socióloga Alejandra Delgado, abordar el tema implica mirar a la familia pues allí se estructura la sociedad. “El referente más legitimado es la familia tradicional que se sustenta en el matrimonio heterosexual, pero los vínculos entre las personas son diferentes de cómo eran hace 20 o 30 años porque la sociedad tampoco es la misma”.
La inclusión de las mujeres en el mercado laboral modificó la visión de pareja. Las reivindicaciones femeninas les permiten mirarse a ellas mismas y a su realidad fuera del hogar. “Actualmente, hay más posibilidades de mirar con aceptación rupturas y divorcios”.
“En muchas ocasiones, ‘formalizar’ una relación es sinónimo de renunciar a aspiraciones profesionales o académicas”. Allí surgirían las “relaciones abiertas”, como oportunidades afectivas que no coartan libertades. En todo caso, los vínculos –cualesquiera que sean– dan sus frutos en la medida en que se prioricen respeto, cooperación, solidaridad y comunicación.
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