Lenin Artieda
Ya se lo había comentado a Vistazo en 2011: la cuerda de la política se le estaba acabando. Quizás por eso durante todo el 2012 la normalidad de su gestión estuvo envuelta del aroma de las despedidas, pero no todo sale siempre como uno quiere o –en este caso– como los otros deseaban.
El vicepresidente de la República, Lenin Moreno Garcés, iniciaba el año con una estrella: la de ser el funcionario de mayor aceptación del régimen gracias a una gestión que desde el principio se enfocó en desarrollar procesos de inclusión y atención a las personas con discapacidad.
Ésa que bien pudo ser labor de un ministerio, marcada por la frialdad de numéricas eficiencias, se adornó con su carisma y su personalidad generadora de distancias con un gobierno confrontador y duro. Y es que Moreno desde hace tiempo había entendido la importancia del humor, de la relación distendida con el otro y que la división no suma cuando se trata de ayudar, de servir al otro.
Su labor en las misiones Manuela Espejo y Joaquín Gallegos Lara continuó cosechando reconocimientos y de todo el mundo llegaron a pedirle asesoramiento. Varios son los países de América Latina que implementaron programas similares partiendo del modelo ecuatoriano. Por eso fue electo para presidir el Comité para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Personas con Discapacidad de la OEA y por ello también fue nominado al Nobel de la Paz de este año. Que estuvo entre los 10 más opcionados dijeron los impulsores de su candidatura, aunque eso sea–en realidad– algo que nunca se sabe.
Hace pocos meses, ante la ONU, en la apertura de la Conferencia de Estados parte de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidades decía: “entendimos que esta misión no debía ser una tarea de gobierno, debía ser un esfuerzo de la ciudadanía toda, allí estuvieron las entidades de gobierno, los padres de las personas con discapacidad, los medios de comunicación, instituciones públicas y privadas, pero sobre todo una sociedad que decidió rescatar su espíritu solidario”.
Y es que él no entiende los resultados de su gestión: miles de ayudas técnicas como sillas de ruedas, muletas, viviendas o bonos, como un logro personal que luego se transfigura en capital político. Lo suyo tiene la efectividad de los trabajos responsables que se hacen en silencio.
A Lenin Moreno no le importó discrepar públicamente cuando lo consideró necesario. A propósito del aniversario del diario Hoy dijo que no estaba de acuerdo con la prohibición de que los ministros de Estado den entrevistas a los medios que no son del agrado del régimen y lo complementó señalando que en las fricciones entre el gobierno y el periodismo “se está permitiendo que las cosas vayan demasiado lejos”.
En la ceremonia de rendición de cuentas que se realizó el 10 de Agosto, consciente de que era su última intervención en esa tarima, les dijo a los asambleístas que ellos eran los únicos a los que no iba extrañar. Inmediatamente, aclaró que se refería al ámbito político. Muchos consideran, sin embargo, que no son solamente ellos a quienes Lenin Moreno no echará de menos en este retiro de la vida pública que al mismo tiempo marcará el inicio de una nueva gestión: “En el 2013 seré el Vicepresidente de mi casa”.