A veces nuestras mismas frases nos condenan. El día en que se anunció oficialmente el compromiso de Iñaki Urdangarín y la infanta Cristina de España, la prensa apostada en el palacio preguntó al novio: “¿Qué le enamoró de su Alteza?”. El deportista que luego se convertiría en Duque de Palma dijo: “La importancia de su cargo”. Una sinceridad que estremece, al ver 15 años después cómo este apuesto hombre ha llenado de vergüenza a la Casa Real española, luego de que la justicia lo ha imputado por sus trabajos al frente de la fundación Nóos, institución sin ánimo de lucro con la que logró presupuestos ficticios, adjudicaciones sin concurso, trabajos que no correspondían a la realidad, beneficio fraudulento, apropiación de fondos de contratos irregulares adjudicados por la “posición social e institucional” que tenía como yerno de su Majestad.
Urdangarín era el yerno ideal, se casaron el 4 de octubre de l997 irradiando siempre mucho amor, complicidad y unión. Guapo, deportista (con 56 títulos en el equipo de balonmano del Barca) y dos medallas de bronce en las olimpiadas, que le dio cuatro hermosos y rubísimos hijos a la Infanta. Hoy de este yerno que salió rana, se sabe que no es sordo como había declarado con certificados médicos particulares, para no realizar el servicio militar en su momento, pero sí se hizo de oídos sordos, sobre todo cuando su suegro, a través de un abogado investigador le pidió que deje Nóos para siempre, cuando los rumores empezaron a correr. El desenlace no es otro que el mundo conozca cómo se ha lucrado en un país en crisis, donde hay 5 millones de parados en ascenso, con esa pedrada lanzada a la monarquía.
El Rey de España, el personaje más querido de la familia real, ha tenido esta vez su annus horribilis, como le ocurrió en su momento a la reina Isabel, que vio cómo se divorciaron sus tres hijos en 1992. Juan Carlos de Borbón, con una salud deteriorada por tres visitas al quirófano, caídas monumentales frente a la prensa, arranques de mal genio contra su mujer, la reina Sofía, ve con pavor cómo su hija, la infanta Cristina, podría estar involucrada en los negocios turbios de su marido, aunque se diga oficialmente que ella lo desconocía todo.
Iñaki o Ignacio reformó parte de la mansión que posee en Barcelona con dinero público desviado a la empresa Aizoon, que comparte con la infanta Cristina. Según el diario El Mundo, la Policía Judicial ha determinado que el Duque de Palma invirtió al menos 600 mil euros procedentes de las administraciones públicas en los cerramientos, adquisición de obras de arte, pago de personal, tres vehículos y suelos del palacete de Pedralbes, donde vivían antes de ir a Washington, mansión que les había costado siete millones de euros y que estrenaron en 2005.
La infanta
Dicen que lo suyo fue un flechazo, que los dos se miraron en las olimpiadas de Sidney, donde ambos participaban y que él enseguida comentó a su hermana que algo extraordinario le había ocurrido con la Infanta de España. En menos de un año esa pasión intensa arrastró a Urdangarín hasta la puerta misma de La Zarzuela y en semejante escenografía protagonizó el papel de su vida: el anuncio de su compromiso con Cristina de Borbón. Carmen Camí, su novia hasta ese instante, desconocía la noticia y se enteraba al mismo tiempo que todo el país. Traicionada y perdida, así dicen que se sintió al ver a Iñaki en la pantalla, rodeado de reyes, príncipes y plebeyos, anunciando una vida en la que ella no tenía lugar.
Urdangarín, sin embargo, llegó a una supuesta estabilidad emocional por los intrincados caminos de la infidelidad, pues mantenía una relación con Susana López cuando comenzó con Carmen. Algo tiene el agua cuando la bendicen y algo debía de haber en la transmisión emocional del multi amante, porque Susana salió reforzada del engaño y organizó una familia estable con un empresario con el que tiene tres hijos. Es también, como Carmen, una mujer feliz. Lo que él se perdió está ahí, en forma de mujeres felices, y de lo que ellas se libraron está también ahí, pero en primera fila del escándalo nacional.
Monarquía versus transparencia
Para el periodista José García Abad, autor del libro La soledad del Rey, “la monarquía no ha superado aún la prueba de la información seria. La inhibición informativa deja la sombra de la duda sobre una institución que debe resistir el paso de la luz”. Abad recuerda episodios poco claros de la vida privada del rey Juan Carlos, como su amistad con personajes como Mario Conde o Javier de la Rosa (banqueros encarcelados por desfalco) donde la prensa “no cumplió con su obligación”. Y le tocó el turno a su yerno, el hombre más carismático de la familia real, por quien su cuñado Felipe sentía celos ante tanta notoriedad. Todo parecía un cuento de hadas para el deportista: apenas se casó, el Rey de España le dio el título de Duque de Palma, que todavía mantiene. Se radicaron en Barcelona. Cada año posaba en la foto que enviaba la familia real con saludos por las fiestas de Navidad y Año Nuevo, y hasta tenía su propia estatua en el Museo de Cera. Luego, al retirarse del deporte, se dedicó a profundizar sus estudios económicos. Al año siguiente, su propia suegra asistió a la ceremonia de su graduación en Esade, una de las principales escuelas de negocios de España y la más avanzada en materia de responsabilidad social corporativa. Allí conoce y traba relación con Diego Torres y Mario Sarribas, dos de sus profesores, el primero es quien lo conduce a su incierto presente. Torres arma la estrategia de integrar en un combo el deporte, el patrocinio y la responsabilidad social. Y ve en el yerno del Rey a la persona ideal para llevar a cabo su plan: miembro de la realeza, deportista destacado y con una imagen rodeada de glamour. Iñaki empieza a buscar su nuevo lugar en el mundo, cosa que no le resulta fácil. Nombrado vicepresidente del COE, pretende sin éxito convertirse en la autoridad máxima de ese organismo. Se involucra luego en varias empresas (como Octagon o Motorpress) que actúan como intermediarias en el ámbito deportivo, lo que empezó a levantar sospechas entre dirigentes del deporte. Pero un tiempo después Torres y Urdangarín constituyen varias sociedades: algunas registradas como “sin ánimo de lucro” y en pocos años consiguen aportes de empresas y organismos públicos, generalmente por informes, o la organización de congresos. Pero los informes no eran más que simples asesoramientos ambiguos y sin documentos de respaldo.
El rey Juan Carlos sospecha de las actividades ilícitas de su yerno y le pide junto a su hija que abandone ese trabajo y se vayan de España, pero el yerno nunca rompió amarras y tampoco desatendió sus negocios privados.
Este año la investigación judicial se precipitó y la familia real comenzó a quitarle respaldo: primero le prohibieron participar de actos públicos, fue sacado de las fotos oficiales y como le ocurrió a Jaime de Marichalar cuando se separó de la infanta Elena, hasta le han retirado su estatua del Museo de Cera.
Habrá que ver la decisión de los jueces y fiscales cuando Iñaki Urdangarín acuda a declarar en febrero por los cargos imputados. El Rey está dispuesto a mantener en alto el nombre de la corona, no por gusto se reunió hace pocos meses solo con sus tres hijos en un restaurante, quizá para recordarles que los sangre de su sangre son ellos y que no permitirá que “añadidos” hagan tambalear con sus malas acciones a la corona, peor aún que un yerno errado, quiera echar del reino al suegro.