Limpiar el hogar, arreglar la ropa, preparar la comida y cuidar a los niños. Aunque en general descendió el número de horas que destinan los ecuatorianos a estas tareas domésticas, la mujer sigue llevando la mayor carga de trabajo. Así lo confirmó una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) en 2012.
En promedio las mujeres destinan 35 horas a la semana a estas labores, 14 horas más que los hombres. La actividad en la que más diferencia hay es la preparación de alimentos.
Pese a esta histórica tendencia, las estadísticas presentan honrosas excepciones. En el último censo de 2010, alrededor de 350 mil hombres afirmaron laborar dentro del hogar, mientras que 94 mil indicaron que realizan quehaceres domésticos en lugar de acudir a un trabajo.
La vida como un milagro
Fernando Pons Seeling, cuencano, es un hombre de 35 años que tuvo cáncer de cerebro en el 2008. La verdad, dicen sus familiares, “no había expectativa de vida” y después de dos operaciones de este tumor llamado meduloblastoma y mucho tiempo de radiación y quimioterapia, fue dado de alta. Su único sueño a partir de ese momento, en que la vida le sonrió nuevamente, fueron las ganas fervorosas de ser padre. Su esposa es médica, y hace turnos en una clínica… Ella se embarazó y el bebé ya tiene nueve meses. La llegada de Alejandro José fue su razón de vivir y según su padre, se ha convertido en la energía que mueve su corazón.
“En la mañana cuido al niño, le hago sus papillas, realizo trabajos de la universidad, preparo el almuerzo de la familia y por la tarde estudio gastronomía en la Universidad de Cuenca. Los fines de semana hago galletas de diferentes tipos para entregar en varias escuelas y colegios de la ciudad”.
“Realmente tenemos buena química con mi esposa, y sin decirnos nada, quien está de mejor ánimo es el que limpia la casa, pero eso sí, me encanta lavar la ropa, que por lo general es una tarea exclusiva mía. En resumen, somos un equipo que empujamos siempre para el mismo lado”.
“No es que no sienta molestias físicas”, dice este joven padre. “Son una alarma que me despierta y me hace reflexionar sobre las bendiciones recibidas. He aprendido a enfrentarlas y aceptar esta realidad. Cuando las padezco, salgo a caminar y a meditar”. Fernando pertenece al grupo católico Emaús, tiene un programa radial y hace apostolado en SOLCA, concretamente da fuerza espiritual a los pacientes con cáncer y les imparte testimonios de vida; nunca deja de repetir que la fe lo ha salvado, ya que asegura haber tenido una segunda oportunidad, la de crear una hermosa familia.