Bienvenidos a Chollywood

Cientos de películas ecuatorianas de bajo presupuesto circulan en DVD, en un circuito que todavía se está consolidando. Son algo muy diferente a lo que se muestra en las salas y en la perchas de supermercados como “cine nacional”.

Ileana Matamoros / @ilematamoros

Seguramente usted ha visto muchas películas en idioma extranjero. Ni hablemos del inglés: digamos en francés, italiano, árabe, japonés, portugués. ¿Pero ha tenido la oportunidad de ver algún filme en quichua? Quizá, cuando termine de leer este artículo se quede con ganas y podría buscar en Youtube “Pollito 2”. Subtitulada al castellano, fue dirigida por el riobambeño William León, y es obviamente la secuela de “Pollito”. Estos filmes son una muestra de lo que en estos últimos años está pasando en Ecuador: entusiastas autodidactas, con mínimos recursos técnicos pero con muchas ganas de contar historias locales, están haciendo películas, y se venden en DVD por decenas de miles.

“Pollito” es el nombre cariñoso con el que un padre viudo y pobre del Chimborazo llama a su hijo. Es un melodrama que aborda el tema de la migración y la orfandad desde el punto de vista de un niño indígena. Hay que sintonizarse con su estética y recursos, pero a medida que avanza uno llega a conectarse emocionalmente con la “verdad” de su relato. Miles la han visto en Internet, y en el mercado informal se calcula que se han vendido unas 50 mil copias en DVD, como asegura Juan Carlos Pachacama, dirigente de Ecuadisc, una asociación que agrupa a cerca de 300 “comerciantes autónomos de contenidos no autorizados”.

Pero en la producción “subterránea” hay también para otros gustos: están por ejemplo los éxitos de acción choneros como “Sicarios Manabitas”, “Destructor Invencible” o “El Ángel de los Sicarios” producidas por Fernando Cedeño y Nixon Chalacamá, dos amigos aficionados al cine de acción y que practicaban kung fu y boxeo para cuando se les ocurrió hacer sus propias películas: “¿Y de qué vamos a grabar?”, había preguntado Nixon. “Bueno, lo único que sabemos hacer es andar en moto y darnos golpes...”, respondió Fernando. Sus filmes están cargados de escenas arriesgadas, hay peleas, balas, explosiones, persecuciones en moto, en auto, a caballo.

Por su parte Nelson Palacios, es uno de los más prolíficos realizadores amateur del país. Vive en Durán y lo suyo es el melodrama familiar, las constantes referencias a la religión y los entornos rurales. “Buscando a mamá”, “El dolor de ser pobres” o “Lágrimas de una madre”, son algunas de sus obras. Graba sus películas con una cámara casera, con la ayuda de sus hijas y el apoyo económico de los protagonistas. Ya debe tener unos 28 títulos. Uno de los últimos es “Sentimientos de Jashy”, la historia acerca de la fidelidad de un perro con su amo. Es posible que recuerde a Hachiko, la famosa película con Richard Gere, pero Jashy es en realidad la mascota de la familia Palacios.

En Esmeraldas vive y produce Elías Cabrera, cuyas historias audiovisuales suelen girar en torno a leyendas ancestrales de la Provincia Verde, como “Mitos Afro”, “Mitos Afro 2” o “La Tunda”, pero también recurre a temas más terrenales como en “Fragancia rockolera” o “Las mujeres mandan”.

Ecuador subterráneo
Hace cuatro años el investigador y cineasta quiteño Miguel Alvear, junto a la productora cinematográfica Mariana Andrade -quienes dirigen la corporación Ocho y Medio- “descubrieron” este circuito de películas nacionales amateur y produjeron un festival con ellas, y un libro al respecto. Además, Miguel, quien ya había dirigido la película experimental “Black Mama” (que obtuvo un premio Augusto San Miguel, del Consejo Nacional de Cine, y participó en festivales internacionales), realizó con algunos de estos directores y con el actor Andrés Crespo como protagonista, un delicioso documental ficcionalizado llamado “Más allá del mall”, donde Crespo, interpretando al mismo Alvear, se pregunta qué le faltó a “Black Mama” para tener el éxito comercial que tienen estas películas “under”.

“Creo que el gran público las siente más cercanas, contienen temas y entornos que conocen, que sienten más auténticos, como el hablar de las personas, pueden decir es mi primo, estos son mis vecinos… A pesar de su éxito, he oído comentarios acerca de “Pescador” (la última película de Sebastián Cordero), gente que dice: este man no es pescador, no agarra el pescado como se debe”, comenta Alvear.

¿Cuál es el negocio?
El mes pasado, durante el segundo festival Ecuador Subterráneo, se realizó una ronda de negocios donde participaron distribuidores de DVD, productores, e instituciones como el Ministerio de Cultura y el Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual (IEPI).

El asunto es complicado porque, como se sabe, en nuestro país abunda la piratería (o el mercado de “contenidos no autorizados”, como sus comerciantes prefieren denominarse). Y si bien al principio aquel fue el canal de distribución que popularizó estas obras “subterráneas” bajo sus propias reglas, ahora los productores están empezando a defender sus derechos de autor, y a vender licencias a las asociaciones de comerciantes, así que se ha llegado a un pacto tácito: no se piratea películas nacionales. Por eso, si hace un año y medio era posible encontrar estos filmes fácilmente en la Bahía de Guayaquil, por ejemplo, ahora eso es más difícil.

Pero mientras se cierran alianzas y se consolidan modelos de negocio, los directores “subterráneos” no dejan de producir, y de perfeccionarse. “Empezamos produciendo con 100 dólares la primera película, y ya tenemos nueve, la última nos costó casi 15 mil dólares –comenta el esmeraldeño Elías Cabrera–. Hemos invertido en cámaras profesionales, hicimos una grúa de cuatro metros, rieles de ocho metros, hemos venido en ascenso porque queremos llegar al nivel de “Pescador”, al nivel de obras internacionales. Pero por vender nuestro producto no podemos ganar un dólar o menos (con los comerciantes). ¿De qué negocio estamos hablando? Por eso me dedico yo mismo a vender mis películas. Parado en una esquina logré vender 25 mil DVD artesanales de “La Tunda”, a dos dólares”.

¿“Chollywood”?
Entre los más entusiastas asistentes a este encuentro estaba el francés Emmanuel Vincenot, profesor de cine latinoamericano en la universidad Francois Rabelais, de Tours, Francia, y un estudioso del cine popular, “porque tiene mucha difusión y aceptación aunque sea considerado de baja calidad, o de bajo presupuesto”. Vincenot ha estudiado el caso del cine popular de Nigeria, conocido como Nollywood. Este país africano se convirtió en el 2009 en la segunda más grande industria cinematográfica del mundo, produce más de dos mil películas al año (uno de sus temas primordiales son las historias de brujería y acción), superando a Hollywood y pisándole los talones a Bollywood, la industria de la India. Otro fenómeno similar es el del “Videohome”, en los estados mexicanos fronterizos con Estados Unidos, en donde las historias suelen girar en torno al narcotráfico por lo que ahora se habla de ellas como el “narcocine”.

Vincenot llegó a conocer el caso ecuatoriano hace tres años, cuando un colega que también estudia este “nuevo cine popular latinoamericano” viajó al Perú y consiguió “Pollito”. “Es un momento muy interesante el de Ecuador –opina el académico–. Me llamaría mucho la atención, por ejemplo, que colaboraran directores de bajo presupuesto con productoras clásicas, o que directores maistream (de la corriente principal u oficial) se pusieran a hacer películas con bajísimo presupuesto a ver qué consiguen hacer…”. Y algo así pudiera pasar bastante pronto: uno de los proyectos de Ocho y Medio es coproducir con Fernando Cedeño “Sicarios Manabitas 2” y con Nelson Palacios “Un tren llamado deseo” (adaptación de la película de Elia Kazan). Veremos.


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