Mariana Neira: La reportera de los desaparecidos
Sébastien Mélieres
Después de ejercer el periodismo de investigación en medios televisivos y escritos, la reportera lanza una primera novela presentando un Ecuador carcomido por la corrupción.
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Fotos: Gabriel González
A los 8 años salió de su Riobamba natal para estudiar en Quito. Siempre fue una alumna atenta y observadora. Su amor por la literatura lo heredó de su padre agricultor que leía todo tipo de libros y un solo periódico, El Comercio, religiosamente.
Mariana no es un ser liso, tampoco es fácilmente descifrable. De sus estudios en la Universidad Central se quedó con un estilo directo, “sin lirismo pero con suficiente sensibilidad” y una cultura general amplia. El resto lo aprendió sola, agarrando la punta de una noticia y buscándole todas las ramificaciones hasta llegar a la verdad. En Mariana hay un detective, un espíritu libre y una mujer independiente.
En el aspecto personal es soltera y vivió un romance que le dejó huellas de por vida. No tiene hijos pero sí dos sobrinas que crió como una madre. Es amante de la medicina tradicional, le gusta cantar, es amiguera fiel y se dice “mona” porque de niña siempre pasaba sus vacaciones escolares en las playas costeñas y no olvidó las cangrejadas y las farras en Guayaquil. Conoce el país mejor que un camionero y sabe caer bien naturalmente a la gente, quizás por eso tiene buenas fuentes y contactos de primera para sus investigaciones.
Mariana no habla mucho de ella pero sabe escuchar. Vive en La Mariscal de Quito y desde hace poco ya tiene una rutina de novelista. Cada noche escribe de 9 a 12, después de ver la telenovela “Passione”. En junio debe entregar su segunda novela por dos razones: ya quiere dedicarse a la literatura y se le acabaron los ahorritos...
¿Cómo se califica, cuál es su estilo?
Soy periodista. Parece que a la nueva generación de periodistas no les gusta investigar, es una lástima. Para mí la investigación, la ética y la técnica periodística son primordiales. Me gusta mucho enseñar dando talleres.
¿Cómo nació la idea de “Atrapado por los buitres”?
Empecé el libro después de trabajar en televisión donde aprendí a manejar los tiempos más cortos. Esto me ayudó a construir una novela ágil cuyo héroe es adolescente. La novela se parece a él tanto a través de los diálogos como en el ritmo.
¿Cómo nació su pasión por investigar?
A raíz de una entrevista con los esposos Restrepo. Comenzó como una entrevista rutinaria pero resultó la investigación de mi vida. Escribí un libro sobre el Caso Restrepo, que le sirvió de guía a María Fernanda para su documental “Mi corazón en Yambo”.
¿Tiene alguna obsesión con los desaparecidos?
No hay casos en mi familia, más bien debe haber algo en mi subconsciente.
¿En qué autor se inspiró para escribir esta novela?
Soy fanática de Vargas Llosa. Para esta novela me inspiré también en Roberto Bolaño y en Stieg Larsson.
¿Cuál es la diferencia entre investigar para una novela y un artículo?
La investigación es la misma, pero estoy descubriendo cosas, cambian los objetivos. En periodismo se buscan datos verbales, escritos, imágenes, para comprobar un hecho, un dicho, en la novela para crear escenarios y el perfil psicológico de los personajes. Me facilitó haber sido ‘cronista de ciudad’ y ‘cronista petrolera’ de El Comercio, y haber hecho cobertura de ‘seguridad’ para Vistazo. Fue de gran utilidad conocer el centro de Quito y La Mariscal como la palma de mi mano, haber viajado por años a la Amazonia. Para armar el perfil psicológico reescuché las dos horas de conversación que tuve con el personaje central que inspiró esta novela y dialogué por muchas horas con quienes lo conocieron. Conversé con un psicólogo. También con amigos militares y policías para captar su comportamiento, características de armas, vida delincuencial, en un diccionario encontré ‘la coba’. Releí periódicos y revistas en la biblioteca durante más de un mes.
En su novela toca el caso Restrepo, los asesinatos de homosexuales y de taxistas, ¿cualquier parecido con casos reales es pura coincidencia?
No. Vengo intentando escribir una novela desde el 2005, sin lograrlo. Era otra historia. Cuando alentada por tres amigos queridos: Edgar, Janeth y Lupita presenté a la editorial la historia de Iván y la aceptaron, dudaba poder hacerlo. Entonces le dije a María Eugenia Lasso: ‘Voy a escribir una novela como yo sé escribir, con estilo periodístico’. Aceptó. Por el estilo periodístico del que aún no puedo desprenderme, esta novela tiene un alto porcentaje de hechos reales.
Su novela describe un Quito carcomido por la corrupción donde militares y policías son una verdadera plaga. ¿Ellos simbolizan de alguna manera nuestra sociedad tercermundista?
Durante el trabajo periodístico encontramos no solo en Quito, en todo el país, casos de policías y militares involucrados en hechos ilícitos. Es un problema donde las leyes son débiles y la impunidad abunda, pero no se puede generalizar y decir que es una plaga.
El héroe de su novela es un niño brillante que se pierde en el vicio después de enterarse que fue abandonado por sus padres. ¿Cree que en la vida de los criminales siempre existe un tipo de shock emocional que los hacen lo que son?
Hablé mucho con el psicólogo sobre este tema. Él creía que pudieron haber incidido varios factores para que el niño inocente de esta historia tomara el camino de la delincuencia. Factores físicos: como problemas de oxigenación al nacer, un posible tumor cerebral; psicológicos: el shock no atendido por un profesional; sociales: el ambiente social. Se convirtió en un psicópata insensible, pero contrariando el criterio médico que dice que eso es incurable, en la historia le doy a Iván la oportunidad de revertir su comportamiento y sensibilizarse por el amor que recibe de su padre a quien termina protegiendo.
Su novela es negra, ¿la considera ecuatoriana o toca temas sociales ampliamente latinoamericanos?
Los ecuatorianos leemos y vivimos historias de otros países, no está mal universalizar el pensamiento, pero no debemos marginar lo nuestro y vivir solo de historias ajenas. Mi propósito con esta novela es destapar nuestra realidad.
Las únicas personas “buenas” de la novela son los padres adoptivos de su héroe. ¿Considera que la familia y la educación son nuestra salvación?
Sí. La familia y la educación son la base para la formación de la personalidad del individuo.
El personaje principal de su ficción se hace asesino y desalmado y termina en las FARC porque tiene que desaparecer del mapa. ¿En cuántas historias se inspiró para crear la de Iván Loyola?
Si bien hay una historia y un personaje central, hay muchas micro historias y personajes sacados de lecturas y vivencias que me inspiraron, como los niños que van a las FARC. Salió un reportaje del tema. El fin de Iván surgió de la lectura del bombardeo de Angostura.
Lo que impacta en su novela es que habla de crímenes y asesinatos tomando como narrador a un menor de edad, ¿es un caso aislado o algo marcado en nuestra sociedad?
Es un caso aislado. Fue la parte más difícil de la historia que resolví presentarla limpiando la sangre lo más que pude, con este razonamiento: Iván es un niño rebelde que no acepta consejos de nadie, se cree un capo invencible. Cuando se involucra en los asesinatos se siente más capo porque la sociedad le dio el título de asesino en serie. Pero poco a poco, por experiencia propia, descubre que es un tonto útil, desechable. Primero mataron a su madre y su vida, como la de su padre, estaban en peligro. Ahí empiezan las reflexiones sobre el bien y el mal, sobre el amor fraternal.
¿Quiénes son los verdaderos buitres de nuestra sociedad?
De nuestra sociedad y de la novela, los que inducen a la gente a corromperse.
¿Considera que su personaje es una víctima?
Sí, y una víctima fácil porque fue atrapada justo en el momento de formación de su personalidad.
¿Cuándo se decidió a pasar de la investigación periodística a la novela?
Siempre soñé con escribir una novela, porque me gusta mucho, pero comencé en serio en el 2005, aprovechando un ‘receso’ ocupacional.
¿Qué placer da el formato de la novela al escritor?
Es el placer de salir del mundo real para entrar en la fantasía donde moldeas a los personajes como si fueran de arcilla, para contar lo que no puedes contar en el periodismo por falta de pruebas.
Leyendo su novela, vi imágenes e imaginé personajes de carne y hueso, ¿algún proyecto de cine con tu novela?
Buena observación. La historia está contada como una técnica casi audiovisual y un ritmo de vértigo porque la vida de un joven es así. Si va a las pantallas, el tiempo lo dirá.
¿Qué se le puede desear para el futuro?
Generalmente no me gusta lo que escribo así que quisiera poder escribir una gran novela.