“En Rusia no creían que duraría tanto tiempo”

Bicampeón en Rusia y adquirido en 10,6 millones de dólares por el Dinamo de Moscú, Christian Noboa va por su quinta temporada en ese país. Era un desconocido y hoy es admirado.

Jorge Cavagnaro A. / jcavagnaro@vistazo.com 

Un jugador corre jadeando, por la orilla. A un lado lo esperan los cielos de la gloria; al otro lado, los abismos de la ruina. Así describe Eduardo Galeano a los futbolistas en el cuento corto ‘El jugador’, de su libro El fútbol a sol y sombra.

Christian Noboa entendió que para ser jugador de fútbol y llegar a esos “cielos de la gloria” a los que se refiere Galeano, no iba a ser suficiente con querer. “Siempre supe todo lo que sacrificaría para ser futbolista”, dice Noboa, hace poco adquirido en 10,6 millones de dólares por el Dinamo de Moscú.

Noboa, de 26 años, empezó su formación a los ocho años en las inferiores de Filanbanco, luego pasó por El Nacional y finalmente llegó a Emelec, donde debutó a los 19 años. Hacerlo, según él, no fue sencillo. “Mi mamá me llevó ocho años a los entrenamientos; luego fui solo durante dos años”. Sonia Tello, su madre, cuenta que después de clases, como vivían en el sur de Guayaquil, Christian se iba a la casa de un compañero del colegio en el norte para descansar y hacer deberes, y luego salía a entrenar. “Regresaba en bus a la casa”, comenta.

Tello se confiesa su mayor admiradora y su principal “acolitadora”. Recuerda que una vez lo escondió en la casa hasta que su esposo se vaya para llevar a Christian a jugar una final contra Emelec, cuando aún entrenaba en Filanbanco. “Su papá (Fernando) lo apoyó siempre, al igual que a sus dos hermanos (Roberto y David) que también jugaban fútbol, pero no le gustaba que falten a clases. Igual le tuvimos que decir (del partido) porque Christian quedó campeón”, cuenta riéndose.

Como cumplía una exigente jornada entre las clases y el deporte, Christian reconoce que no fue un estudiante sobresaliente, aunque aclara que “jamás me quedé supletorio”. Su vida giraba en torno al fútbol. En el patio del Colegio Cristóbal Colón, donde estudió, improvisaba con sus amigos una pelota de fútbol hecha con papel y cinta adhesiva. “Los uniformes quedaban totalmente sucios”, recuerda. También estudió en el Liceo Naval, donde se graduó, aunque de la fiesta, poco disfrutó. “Christian se fue a las 10 de la noche porque al siguiente día jugaba”, indica su madre.

Un año después de incorporarse de bachiller, Noboa iniciaría su carrera profesional. El 22 de febrero de 2004, el argentino Néstor Craviotto, entrenador de Emelec, lo hizo debutar en la victoria por la mínima diferencia ante El Nacional. El primer paso ya lo había dado; y para el final de esa temporada, Noboa acumuló 25 partidos y anotó tres goles.

El panorama de Emelec en 2004, y también en 2005, no cambió (puestos secundarios), pero Noboa sumó experiencia para el siguiente año convertirse en pieza esencial del esquema de Carlos Torres Garcés. Ese año, Emelec fue vicecampeón. “Éramos un grupo de amigos, de jugadores jóvenes con ganas de crecer”, rememora.

José Vicente Ponce, periodista deportivo que realizaba coberturas de Emelec cuando jugaba Noboa, lo recuerda como un chico ejemplar, respetuoso y disciplinado, “como pocos futbolistas. Fue paciente; esperó su oportunidad y demostró esa calidad que aún mantiene”.

Su rendimiento en Emelec le permitió ser convocado por primera vez a la Selección Nacional para un amistoso en España. Hasta allá lo fue a buscar Gurban Berdiyew, entrenador del Rubín Kazán de Rusia. “Unos días antes me había enterado del interés. Lo primero fue preguntar: ¿de dónde? Nunca había escuchado ese equipo”, cuenta Noboa. Y no era para sorprenderse. Ese club, ubicado en la ciudad Kazán, a orillas del río Volga, apenas tenía una temporada en la primera división de ese país, a diferencia de reconocidos clubes rusos como el CSKA, Spartak, Dinamo o Zenit.

Berdiyew le dijo que lo quería en el club y a los tres días le envió un precontrato. “Conversé con mis padres porque era una decisión difícil. En Ecuador, Emelec me quería renovar, y se acercaron dirigentes de Barcelona, Liga y El Nacional. De afuera tuve propuestas del Once Caldas de Colombia, una de Portugal y otra de Bélgica”.

Finalmente, Christian salió de Emelec como jugador libre y optó por la oferta del cuadro ruso que le subió el sueldo en un 600 por ciento. “El contrato fue por cinco años con un salario inicial de 20 mil dólares. Ganaba más que en Emelec, pero la vida en Rusia es cara, así que es lo mismo”, dice riéndose.

La familia: clave del éxito 
Un poco asustado por el cambio, a Noboa le tomó casi un año adaptarse. En su primer torneo jugó 14 partidos. “Cuando llegué, creían que no duraría mucho en Rusia”. El ecuatoriano sorprendió a muchos y en las cuatro siguientes temporadas con el Kazán actuó en 133 partidos y convirtió 20 goles. “Su fútbol daba para adaptarse rápidamente a cualquier liga europea. Nunca pensé que su éxito sería efímero”, indica Diego Arcos, periodista deportivo.

En su aclimatación al frío país transcontinental, Noboa recalca la ayuda de Yuri, un ecuatoriano que era su traductor. Pero resalta el apoyo de su actual esposa, Olya Romanova, una joven rusa. Después de ser novios por ocho meses, Christian le propuso matrimonio, “en ruso”, resalta. “Creo que sí me entendió”, bromea. 

Hace dos años, la pareja tuvo un hijo, Christopher. Para Noboa, su esposa y su pequeño fueron piezas fundamentales para darle equilibrio emocional. “Era lo que necesitaba”, explica. “Tanto ellos, como la educación que me dieron mis padres, me ayudaron a obtener todo lo logrado hasta ahora”. La disciplina y fortaleza mental, inculcada por su padre Fernando, contraalmirante de la Marina ecuatoriana y exjefe de la Casa Militar de la Presidencia de Correa, forjaron su carácter.

Acostumbrado a ese país, tanto que los propios hinchas del Rubín lo llaman “ruso”, Noboa acumula éxitos y recuerdos. Fue bicampeón en Rusia (2008 y 2009), jugó los más prestigiosos torneos europeos, y enfrentó a rivales de la talla de Lionel Messi y Wesley Sneijder, de quienes tiene sus camisetas. Pero lo que más recalca fue cuando lo hicieron capitán del equipo.

Terminado el 2011, la salida de Noboa de Kazán era un hecho. El ecuatoriano había logrado todo. Llegaron propuestas de varios equipos, como todos los años, ahora del Nápoles de Italia, del Borussia Dortmund de Alemania y del Sevilla español. Ninguno ofreció lo que el Rubín y Noboa deseaban. “Cuando alguien te quiere, no mira nada, solo te lleva a donde esté”.

Finalmente, el Dinamo ofreció 10,6 millones de dólares y de esa forma convirtió a Noboa en la octava mayor transferencia del mercado de invierno en el mundo, y el cuarto latino más costoso para un equipo ruso.

El desembolso por Noboa confirmó el prestigio del ecuatoriano, considerado un jugador top en esa liga al nivel de grandes nombres como Samuel Eto,o y Roman Pavlyuchenko. El periodista Diego Arcos cree que Noboa se encontraba en un gran momento para ir a una liga europea con más poderío mediático. “Esperaba verlo en un torneo más conocido, pero él debió analizarlo mejor que nadie”, concluye.

Walter Safarián, periodista de la cadena Fox Sports, asegura que Noboa está para más, “se lo dije cuando conversé hace unos días con él. Me contó que estaba feliz por su transferencia; para mí era el momento de dar el salto a una liga más competitiva”. Noboa no se desespera y cree que en algún momento llegará otra opción. “Si aquí me dan todo eso y además peleamos por el título local y jugamos torneos internacionales, ¡para qué irme de Rusia!”, afirma.

Mientras tanto, su familia se enorgullece de sus logros; “un día vi en un programa ecuatoriano que un reportero fue a Moscú a entrevistar a unos migrantes, y en un bar le preguntaron a un ruso qué conocía de Ecuador, y él le dijo que por su fútbol, pero en especial, por mi hijo”, dice Sonia Tello.

Por lo pronto, Christian ya se pasea por los cielos de la gloria, tal cual describe Galeano al éxito de un futbolista profesional. Al menos en Rusia y en Ecuador, aunque su nombre y apellido se escriban distintos, su talento tiene marca registrada. 


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