Columnas______________________________________________________________________
El machismo es violencia
Patricia Estupiñán
El Gobierno está empeñado en una campaña para cambiar la cultura política del machismo, pero envía mensajes cruzados.
¿Se cambia la ley o se cambia la cultura política? Un eterno debate. Para el machismo, en Ecuador han sobrado las leyes. Después de los Estados Unidos, Ecuador fue el segundo país en la región en conceder el voto a la mujer. Sin embargo le negó a una mujer, Rosalía Arteaga, su legítimo derecho de suceder al presidente Abdalá Bucaram, cuando este fue destituido, argumentando un cambio en el texto de la Constitución que oficialmente nunca ocurrió. La última carta magna garantiza la paridad en la representación femenina en los cargos de elección. No obstante, en la nueva Asamblea aún un 40 por ciento son mujeres. Apenas una de las diez ciudades más pobladas del país tiene a una mujer como alcaldesa (Santo Domingo) y en la prefectura hay dos prefectas en 23 provincias. Esta disparidad también afecta al mundo laboral. El ingreso promedio de la mujer es 257 dólares, mientras que el del hombre es 386. Es decir la mujer en promedio ni siquiera llega al salario mínimo vital; y en los altos cargos directivos, a pesar de realizar el mismo trabajo que un hombre, las mujeres ganan 15 por ciento menos (Deloitte, diario Hoy).
No obstante, si en la política y la economía el machismo determina desigualdades, en la justicia la estatua representada por una mujer ciega, debería ser la de un hombre sin venda, porque campea la impunidad. Las cifras causan escalofrío: una de cada cuatro mujeres ha sufrido violencia sexual. En grupos étnicos como los indígenas y los afroecuatorianos ese porcentaje alcanza a más del 60 por ciento. Por otro lado, únicamente se denuncia uno de cada diez delitos contra la mujer y lo más dramático: solo una de cada cien denuncias termina con sentencia judicial. Cambiar estos patrones de comportamiento es una lucha de titanes, que si no se libra mantendrá al Ecuador en el subdesarrollo. El gobierno del presidente Rafael Correa parece estar empeñado en ese fin, pero envía mensajes cruzados. Hace bien cuando no distingue entre hombres y mujeres en los nombramientos. Hay más ministras mujeres en esta administración que en ninguna otra anterior. No obstante, a menudo en las sabatinas hay comentarios sexistas, como son los piropos a las compañeras por lindas o epítetos como “gordita horrorosa” a una periodista. Es positiva la campaña publicitaria contra el machismo. “Reacciona Ecuador, el machismo es violencia”, pero justificar la reacción inadecuada del embajador ecuatoriano en Perú, tras haber sido agredido por dos mujeres contradice la campaña.
Es cierto que una mujer agrede primero al embajador, Pero eso no justifica su reacción. Primero porque un representante diplomático no puede perder los estribos, pero segundo, cuando existen leyes no se debe recurrir a “la legítima defensa”. Al respaldarlo la Cancillería confirma que entre la ley y la cultura política sigue imperando la cultura… No ser machista significa tolerancia cero a la agresión contra las mujeres, provenga de quien provenga e indistintamente de la causa.
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