Contrarrevolución
Alfredo Pinoargote
El macabro centenario del arrastre de Alfaro se va a recordar durante un año por iniciativa del Gobierno, hasta llegar a la segunda reelección del presidente Correa.
El mensaje electorero se visualiza con claridad, revivir el mito del revolucionario más popular de la historia a efecto de presentar cualquier amenaza a la reelección como un acto contrarrevolucionario. El tema de fondo es hasta qué punto Alfaro fue revolucionario y en qué medida se lo puede comparar con Correa, y obviamente si un proceso revolucionario necesita de un caudillo para perdurar.
La diferencia fundamental está a la vista, Alfaro tuvo una ideología y Correa no la tiene. Alfaro fue liberal radical, promotor de libertades políticas, económicas y sociales. Correa inicialmente se proclamó socialista del siglo XXI, pero ese guatallarín no existe y ya no se habla más de él. Queda el desmantelamiento de la larga noche neoliberal, pero resulta que el neoliberalismo fue la resurrección en el siglo XX del liberalismo del siglo XIX de Alfaro, de modo que ahí hay una contradicción esencial. Alfaro fue un próspero exportador de sombreros de paja a Panamá, rebelado contra la dominación de la Iglesia y los terratenientes de la Sierra, nunca fue elegido por el pueblo, conquistó dos veces a sangre y fuego la Presidencia financiado por los exportadores de cacao y los banqueros de Guayaquil. Y la tercera vez que intentó hacerlo, sin el apoyo de los grandes cacao y los banqueros, fue cruelmente asesinado, pues solo tuvo el heroico apoyo de un combatiente del pueblo, el general Pedro Montero que fue ejecutado en la Gobernación del Guayas e incinerado en la plaza de San Francisco de Guayaquil después de que le arrancaron el corazón y los testículos. Esa fue la víspera de la hoguera bárbara, nada que ver con el siglo XXI ni con 30-S.
La revolución alfarista en cuanto a reivindicaciones para el pueblo ya estaba agotada, fueron para una nueva clase dominante, la bancocracia y los exportadores. Las grandes conquistas del laicismo, la libertad de expresión, el matrimonio civil y el divorcio quedaron consolidadas y sobrevivieron a la hoguera. Alfaro había cumplido y sus sucesores por el arrastre, antiguos compañeros de armas y banqueros, siguieron mangoneando a través del fraude electoral, la apertura al capital extranjero y la privatización de los servicios públicos que él inauguró con su obra magna el ferrocarril. Sobre esto nada que ver tampoco con Correa, promotor del Estado como gran empresario, de la censura previa a la libertad de expresión, y de cerrar las puertas al capital extranjero privado.
La contrarrevolución de Alfaro estuvo en él y en sus amigos, igual es la de Correa con su diario vejamen a los principios de la Constitución de Montecristi. Ya hizo lo que pudo, su desgobierno no da para más, y si la Revolución Ciudadana quiere mantener el poder como los liberales que postulen entonces a su candidato sin resistencias, Lenín Moreno.
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