MODELO: SILVIA PONCE
Mujer Bonita
Aunque dicen que las guapas tienen más oportunidades, Silvia Ponce se prepara a conciencia para quedarse en el mundo televisivo.
La cara la delata. Silvia Ponce tiene un rostro que habla por ella. Su conjunto facial es agradable. Pómulos altos, boca un tanto pequeña. Es el tipo de mujer ideal para los latinoamericanos (tiene de todo y bien repartido) y según confiesa, se siente bien dentro de su piel. Su rostro sin excesos delata una extrema sensibilidad y por ello nos confesaría que necesita sentirse querida, que la dominan su corazón y emociones, que no quiere ser lastimada como en el pasado. Expresa su pensamiento idealista cuando dice que sueña con tener una fundación o una escuelita para que los niños sonrían gracias a ella.
El hotel Santa Lucía de Cuenca fue el escenario para fotografiar a esta joven belleza, a quien los programas rosa señalan como la nueva diva de Ecuavisa, a la que vemos cada domingo como conductora del programa Sótano deportivo, como el rostro de la suerte en el sorteo del Lotto, y como la conductora de Entretenimiento Total en Ecuavisa Internacional. Ella sabe manejarse, qué hacer con su dinero, mide sus emociones. pero se inclina ante una flor, porque las plantas son su delirio (se graduó en diseño de jardines). Tal vez le falte un poco de práctica en pantalla, pero es comprensible, porque ese monstruo llamado televisión intimida a cualquiera. Silvia llegará a la cima, porque tiene ese ímpetu de quienes se esfuerzan.
La que paró el tráfico
Todo transcurría con normalidad durante la sesión de fotos. Cuando una modelo tiene actitud, basta poner el traje adecuado para destacarla, un buen trabajo del maquillador, para captar ese buen registro que no todas poseen. Hasta que a la productora se le ocurrió poner a Silvia al pie del portón exterior del hotel Santa Lucía. El impacto fue tremendo, a tal punto que la calle Borrero colapsó porque ningún carro quería avanzar. Silvia sonreía nerviosa y recordó de esta manera a su primer admirador. “Fue en los premios Sin Límite, en Nueva York. Un migrante había viajado una distancia más o menos grande solo para saludarme y darme un ramito de flores, y yo le di lo que fue mi primer autógrafo. En ese momento pensé en la ironía de que aquí en Ecuador pasaba inadvertida. Definitivamente, el cariño de la gente es un buen motor para seguir”.
Silvia vive sin lujos y no olvida nunca que fue una chica de pueblo educada en el colegio Rubira de Salinas, y que hasta los 16 años no conoció ningún mall. “No fui al cine hasta que vine a Guayaquil a graduarme en Las Mercedarias”.
Transparente
¿Y cómo la ha tratado el amor? Al escuchar la grabación de la entrevista nos percatamos del largo silencio que precede a la respuesta. “Ahora tengo a una persona a la que quiero mucho. Hemos tenido altibajos porque a mí me gusta ser libre, y me molesta cuando una persona duda de mis actos, porque soy transparente”. Se ve a futuro como ama de casa trabajadora, con dos niños más. “Me encanta cuando mi novio juega con mi hija y cuando hace el rol de padre y llena ese espacio que a la nena le falta”.
Silvia ama el silencio, algo poco usual en una mujer tan joven. “No me gusta que mis amigas vengan a mi casa, excepto para mi cumpleaños, pero el resto del tiempo, este es mi refugio donde estoy segura. Diga también que me agrada la sonrisa sincera de la gente, de los que tienen buena vibra y que también me gusta mucho el mar”. Silvia reconoce las satisfacciones que la pantalla le está proporcionando.
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