MODELO: GRAZZIANA SAMPIETRO
Grazziana desnuda su alma
Grazziana Sampietro vive su momento, sobre todo cada domingo cuando paraliza frente al televisor a miles de ecuatorianos que quieren verla bailar y convertirse en una diosa de los movimientos. Y ahora sí parece que se ha desligado del pasado.
El Ecuador la identifica solo por su nombre de origen italiano. El apellido de esta joven resulta innecesario desde que ingresó al concurso “Bailando por un sueño”, en el que se perfila como una gran ganadora, aunque hasta hace un año el suyo era solo un apéndice de el de su popular esposo, el presentador deportivo Vito Muñoz Ugarte, con quien estuvo casada por espacio de casi tres.
Grazziana Sampietro Parra tenía 19 años cuando conoció al periodista que la llevaría a las páginas de las revistas. Un hombre al que no escogió sino que una tarde la aturdió con una llamada telefónica invitándola a un encuentro de karting, a lo que no se rehusó, aunque confiesa: “Ese señor me intimidaba”. Un poco arriesgada Grazziana frente a un hombre que le llevaba 25 años y del que no sabía absolutamente nada, comentamos: “Bueno, el que no arriesga no gana”, dice entre risas.
Amores de televisión
Esa llamada cambiaría radicalmente su vida. De joven sencilla de la clase media, en menos de un año era la invitada, junto a su pareja, a todos los programas de farándula local y pasó a convertirse en la novia más popular, cuya boda fue transmitida por la red Telesistema. Hoy con 24 años de edad y ya divorciada, lo que más llama la atención es su tranquilidad, y muchos alaban de ella el silencio que guardó después de su divorcio.
Cuando abordamos el vuelo para ir a Quito, dos señoras se acercaron y le preguntaron: “¿Usted es la ex de Vito?” Nada encoleriza a Grazziana más que eso, y enseguida respondió: “No soy la ex de nadie, soy Grazziana”.
Es tan hermética, que ni sus compañeros de Bailando por un Sueño se atreven a tocarle temas personales. Sus días están copados con extenuantes jornadas de ensayos con el coreógrafo Carlos Menéndez. “Me sacrifico mucho y a veces siento que mi cuerpo no da más, pero lo hago por cumplir los sueños de mi compañero Jorge Avilés”.
Su corta vida
Grazziana estudió en Sagrados Corazones y Urdesa School, de Guayaquil. Trabaja desde los 14 años. Empezó en el Show de Siomi, luego vendría un programa deportivo, más tarde A todo dar y Haga negocio conmigo. Dice que toda esa facilidad que despliega con sus pasos de baile, se debe en parte a sus estudios de ballet. “Bailando por un Sueño es una gran producción, pero a mí me de-salienta el criterio de ciertos jueces como Alejandro Quenedict, que nos exige demasiado, frente a otros participantes. Él está siempre en desacuerdo con el resto de jueces, que nos califican con nueve y 10, y Quenedict siempre nos pone bajo y me desmorona”.
A veces el vestuario que usa en el programa parece que no ayuda mucho, pese a su buena talla, comentamos. “Yo no lo escojo. Nosotros llegamos a Quito directamente a bailar, pero tenga por seguro que si no gano habré hecho un gran papel y desde ya tengo una propuesta para un programa de gimnasia en televisión, que tal vez acepte”.
La madre de Grazziana dice que su hija le ha dado satisfacciones. “La bailarina rusa Ana Kostyuchenko dice que Grazziana es rara, porque los bailes difíciles los hace perfectos y en los fáciles se cae, pero lo que pasa es que es perfeccionista. La comida debe ser bien presentada, mide y balancea calorías. Puedo decir que nació con suerte. No es que sea bellísima, pero sí atractiva. Ha sido reina por 16 ocasiones, frente a chicas
exuberantes y altas”, dice orgullosa.
Grazziana ha dado vuelta de página. Con lo vivido, cuál es la opinión que más le importa ahora, le preguntamos. “La mía porque soy muy pensante. Soy tan reservada, que mis cosas no las sabe nadie. Solo le puedo decir que estoy retomando la alegría que había olvidado sobre muchas cosas”.
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