
Economía de guerra
Con un plan de austeridad fiscal de la post guerra, Inglaterra busca restaurar la salud de las cuentas públicas para preservar la credibilidad de la libra esterlina.
Por: Giuliano Guandalini
El inglés George Osborne siguió la línea de los mandamientos del cargo que ocupa. El tesorero del Erario, equivalente al cargo de ministro de Finanzas, dejó la residencia oficial, el número 11 de la calle Downing, con un maletín de cuero. En él llevaba el ordenamiento para el país para los próximos cinco años, que presentaría minutos después al Parlamento. La tradición fue iniciada en 1860 por otro conservador, Sir William Gladstone, uno de los más prestigiosos políticos de la era victoriana, el primero en llevar ese maletín.
Osborne, de 39 años, es uno de los más jóvenes en ocupar ese puesto, hizo todo de acuerdo a la tradición, pero al contrario de sus antecesores, no esbozó ni media sonrisa para los fotógrafos presentes, por lo que estaba presto a anunciar el pasado mes de junio. El ministro de Gobierno de la coalición formada por conservadores y liberales demócratas, presentó a los ingleses el plan de austeridad más riguroso de la posguerra. Para cargar la maleta histórica, Osborne persigue una tradición más relevante: la preservación de la credibilidad de la libra esterlina.
La meta es reducir en cinco años el déficit del gobierno en 1,1 por ciento del PIB, un décimo del porcentaje actual. La receta incluye un recorte de 25 por ciento en todos los estamentos.
Los salarios de la burocracia permanecerán congelados por los próximos dos años. Se elevarán los impuestos al consumo y a la renta de los más ricos. Los subsidios típicos en un estado benefactor fueron eliminados. Ni la reina Elizabeth II escapó de los cortes.
Se congeló la ayuda que recibe la monarca para pagar a sus funcionarios de palacio y de las recepciones. Con este paquete, Osborne pretende reducir los huecos en las cuentas públicas progresivamente, obteniendo una disminución de 113 mil trillones de libras, en el déficit proyectado al 2014. De ese ajuste, 85 trillones (11 por ciento) equivale al recorte de gasto, lo restante al aumento de impuestos. “Este presupuesto carga los costos del pasado y planea el futuro, afirmó el ministro. Para los críticos del plan, Osborne ha hecho una apuesta elevada, pues la economía británica no ha salido plenamente de la recesión y se corre el riesgo de frenar el crecimiento. No obstante, eso no es lo que piensa el gobierno, pues considera que lo importante es recuperar la credibilidad y evitar el destino trágico de Grecia. La austeridad fiscal atraerá a la inversión privada. En ese sentido, a pesar de haber optado por elevar ciertos tributos, los que recaen sobre las empresas serán disminuidos, estimulando la producción local y a los pequeños negocios. Contribuye para la oportunidad de éxito del proyecto, el hecho de que en el parlamento británico, los presupuestos son menos expuestos a las enmiendas y acuerdos políticos. La maleta de Gladstone fue usada por última vez. Por su estado y para conservarla, irá al museo.
No obstante, Osborne acaba de demostrar que sigue vivita y coleando la tradición que dio origen a la primera potencia del capitalismo en la historia.
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