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2010-03-11 , Ecuador
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Chile la más dura prueba de su historia

Bastaron pocos segundos para que un terremoto y el mar borren años de trabajo y esfuerzo en el país de mayor progreso de América Latina.

El reloj marcaba las 3:34 del 27 de febrero cuando Chile empezó a temblar. Un terremoto de 8,8 en la escala de Richter, con epicentro en la denominada región del Bio-Bio (a 500 kilómetros de distancia de Santiago) afectaba al centro sur del país. Desde Santiago poco se sabía sobre lo que estaba ocurriendo, la luz era escasa y los teléfonos también, sin embargo las radios se mantenían funcionando. Hasta ese momento sólo se conocía que cerca de la ciudad de Concepción estaba el epicentro, sin embargo, con el pasar de las horas las cosas irían empeorando. Chile había sido sacudido por el terremoto más fuerte de su historia, pero además, abarcaba una zona altamente poblada y muy productiva económicamente.

Es tu culpa, no la tuya
Los sistemas de comunicación sobre los cuales los protocolos de emergencia se activan colapsaron, los teléfonos satelitales no funcionaron, según la Oficina Nacional de Emergencia (ONEMI). La información sobre el tsunami llegó 45 minutos después de ocurrido y con un alto nivel de imprecisión. A las 05:15 en un contacto telefónico con la presidenta Michelle Bachelet, el jefe de la Armada reconoce que “fuimos poco claros”, por lo que el ONEMI levantó el estado de alerta. A esas alturas, en medio de la pugna, el mar ya había hecho lo suyo cuando dos olas “de muy fuerte intensidad” a las 05:30 y otra de fuerte intensidad a las 06:05, es decir casi dos horas después del terremoto y después de haber entregado información a la Presidenta, arrasaron las costas de la isla Fernández.

 Otro punto que se discute a menos de 24 horas del sismo es la respuesta lenta y arrogante del Gobierno para tomar medidas inmediatas. La presidenta Bachelet insiste en que el problema no fue por la falta de reacción, sino que la dimensión del impacto fue mayor a la pensada y por tanto, los esfuerzos se tornaron insuficientes. El editorial del Washington Post es elocuente al criticar el desempeño de la Presidenta y afirma que “tardó mucho en declarar el estado de emergencia en algunas zonas, lo cual hubiera podido evitar saqueos”. También critica el no haber querido recibir asistencia al inicio y luego hablar de “una emergencia sin paralelo”.

Más como Japón que como Haití
La historia de terremotos en Chile no es nueva. Sólo en el siglo XX y XXI se registraron 25 movimientos, entre los que se destacan terremotos y tsunamis. De hecho, actualmente hay una generación entera que ha sufrido tres terremotos en su vida (el de 1971, 1985 y el actual de 2010).

 Hoy Chile se compara con Haití y las reacciones generalizadas son que en términos de infraestructura el país se parece más a Japón que a Haití por el nivel de las construcciones, siendo que en Chile el terremoto fue 500 veces más fuerte que en el país caribeño y el número de muertos significativamente menor. Dentro de este análisis comparativo con Haití, surgen miradas más economicistas que intentan explicar las razones por las cuales Chile no colapsó frente a un terremoto 500 veces más fuerte John Stossel, en su columna de Fox.com menciona al economista de la Universidad de George Mason, Don Boudreaux quien afirma que las medidas orientadas por una economía de mercado en Chile, han permitido que el ingreso per cápita del país sea 10 veces más alto que el ingreso per cápita en Haití. Resultado de ello es que los chilenos pueden demandar y acceder a edificios mejor construidos, mejor diseñados y con mejores materiales, así como entrenar mejor a sus trabajadores especializados.

Santiago no es Chile ¿o sí?
Durante las primeras 24 horas, poco se sabía de lo que estaba pasando. Solo el hecho de saber que el epicentro había sido en Concepción, daba a los santiaguinos una alerta de lo significativo que podría ser el daño por la fuerza con que se había movido la capital. “Si así se sintió acá, entonces el sur debe estar destruido” comentaba un transeúnte capitalino. Lo cierto es que esta desgracia además deja al descubierto una de las características más significativas, tanto geográficas, como sociales, de Chile, y es que la distancia y longitud del territorio chileno es tal, que la concentración de personas, servicios, riquezas en Santiago, son sin duda de otra dimensión y magnitud al resto de las ciudades y regiones de Chile.

No se podría establecer que el Chile que vemos desde lejos es sólo el Chile de Santiago, ya que sería injusto para todo el esfuerzo y significado que tienen las demás regiones que al final hacen de Chile un todo, pero sí es evidente que Santiago se encuentra en una situación muy distinta y privilegiada al resto de regiones del país. Es así como durante toda la jornada de rescates se constató la precariedad de los sistemas de comunicación fuera de la capital. Paradoja tremenda para un país desarrollado que cuenta con el mayor nivel de penetración de Internet y celulares de la región.

Por otro lado, el orden político que se manifiesta en Santiago es significativamente distinto al que se da en otras ciudades que lite-ralmente se sienten “abandonadas”, ante una situación así. Aquí los problemas no parecen ser sólo de distancia, las mismas que son enormes, sino de diferencias reales entre la denominada Región Metropolitana y el resto de regiones.

El “Far west” en vivo y en directo
Desde el sábado por la mañana, los habitantes de Concepción empezaron a sentir temor por haberse quedado sin casas ni alimentos, literalmente en la calle, ello junto a la falta de información clara y precisa, lo que permitió que surgieran los primeros brotes de violencia y saqueo. Mientras el mundo observaba cómo se saqueaban los supermercados y muchos justificaban la acción por la desesperación de las personas, al poco tiempo aparecieron individuos robando televisores, lavadoras de ropa, y demás artículos, enfureciendo así a la mayoría, los primeros indicios de que los ladrones y el lumpen estaban apoderándose de la ciudad. Hasta la noche del sábado 27 (a 24 horas del sismo) no había suficiente fuerza pública en Constitución, luego de registrar estas imágenes y frente a la insistencia y dramatismo de los hechos, el gobierno de Bachelet decidió militarizar la ciudad.

 Inmediatamente surgió la crítica acerca de por qué a la presidenta Bachelet le tomó tanto tiempo decidir militarizar la zona. Para muchos, estas acciones vandálicas no se habían registrado desde la época de la dictadura de Pinochet, por tanto el estado de sitio decretado podría significar una decisión que simbólicamente arrastrara muchas imágenes y sensaciones del pasado. Según menciona el diario La Tercera, “fuentes de Gobierno, los ministros Pérez Yoma (de Interior) y Vidal (de Defensa) impulsaron el fin de semana ante Bachelet la idea de involucrar a los militares para resolver la crisis… el equipo de Bachelet rechazó aplicar el estado de sitio y se homologaba a decisiones propias del gobierno militar”, esto habría gatillado roces con Piñera, quien ya había pedido estado de catástrofe antes de que Bachelet lo anunciara.

Economía post terremoto
Las consecuencias inmediatas para la economía chilena preocupan a todos. A los dos días del terremoto, las empresas chilenas volvieron a su rutina, aunque enfrentando serios problemas de conectividad y falta de información. Una constante ha sido la falla en las redes de Internet y conexión, lo que ha implicado que sectores como el bancario y el financiero trabajen parcialmente, ya que los servidores se encuentran fueran de servicio. Así mismo, los dirigentes empresariales indicaron que el principal desafío era el de reponer rápidamente los servicios básicos (energía, luz, teléfono y conectividad) tanto en las zonas que aún faltan en Santiago (que son las menos) así como en las regiones afectadas por el sismo ya que existen problemas puntuales serios como la falta de abastecimiento de combustible y electricidad en zonas agrícolas que son claves para la economía chilena.

Ante la pregunta de cuánto le costará a Chile recuperarse de este terremoto, la respuesta no es sencilla. Es importante señalar que Chile enfrenta este terremoto desde varias dimensiones económicas. Por un lado, es un país que, como su actual Ministro de Hacienda asegura “es top ten en solidez fiscal”; según el ministro Velasco “la salud fiscal de Chile tiene dos indicadores, el primero es su deuda neta, es decir la diferencia entre lo que debe y lo que le deben. Al cierre del 2009, Chile es acreedor neto: nuestros activos exceden nuestras deudas, cosa que nunca había ocurrido en la historia de Chile”. A esto se le suma una de las metas más importantes alcanzadas por la economía chilena, y de las cuales el Ministro se siente más orgulloso “el segundo indicador es que los cuatro años de la administración Bachelet promediaron un superávit fiscal de 4,3 por ciento del PIB”.

 Para reconstruir Chile se necesitarán fondos estatales y privados. Si bien tanto el gobierno saliente como el entrante de Piñera no han querido aventurarse a entregar cifras de cuánto le costará el terremoto a Chile, algunos analistas ya hablan de hasta ocho mil millones de dólares. Varias de las fórmulas para la reconstrucción, según los analistas, estarían en la utilización de los fondos de reserva del cobre o en la emisión de deuda. El Fondo de Estabilización Económica (FEES) a diciembre de 2009 contaba con 11.284 millones de dólares; fue creado según expertos, precisamente para enfrentar este tipo de desastres.

Otro de los desafíos que enfrenta Piñera es el próximo cambio de mando que se efectuaría el 11 de marzo. “Es imposible pretender ignorar que este terremoto va a significar cambios en nuestro programa de gobierno”, dijo Piñera. Desde ya ha manifestado que si bien fue electo por prioridades anteriores al terremoto, como la reactivación del empleo y la seguridad ciudadana, están hoy supeditadas a lo que ocurra con la reconstrucción de vivienda, hospitales, escuelas, redes viales. Junto con la evaluación de los daños, se está pensando y re evaluando la ceremonia misma de cambio de mando, a realizarse en Valparaíso. Los actos “serán sencillos y austeros” y se está planificando el recibimiento a los jefes de Estado.

Redes sociales en acción
Chile ha enfrentado con asombro la paradoja de ser uno de los países tecnológicamente más avanzados de la región, cuyo sistema comunicacional y de alta tecnología colapsó. Sin embargo, no deja de sorprender también la eficacia y rol fundamental que tuvieron las denominadas “redes sociales” que se diseminaron rápidamente por Internet y celulares a pesar de la bajísima conectividad que en esos momentos enfrentaba el país.

Hasta el momento no se tiene un registro claro de los desaparecidos, sin embargo es Internet en donde los cibernautas chilenos, con la ayuda de “google”, empiezan a construir una inmensa base de datos sobre las personas desaparecidas. Este sistema ya tiene resultados concretos: se ha podido ubicar a 1.127 personas y tener registrado datos de 10.426.

En Twitter también se distribuye información práctica como mapas (rutas que ya están operativas, lugares para entregar ayuda, ubicación de bancos de sangre, etc.) Al momento, no ha habido un sistema de comunicación a la ciudadanía tan eficiente y rápido como estas redes sociales. Basta con pedir un dato, una ayuda, y los seguidores de Twitter entregarán abundante información a tiempo. Tal es el efecto de Twitter que los canales de televisión han empezado a reproducir los mensajes en sus pantallas, porque contienen informaciones prácticas, directas, inmediatas de lo que está pasando.

Las plataformas voluntarias de Internet también han hecho un gran trabajo. Un ejemplo es cómo en menos de 49 horas se crea Chileayuda.com, que permite actualizar en un mapa, la información sobre las ciudades, hacer donaciones económicas o de sangre para el abastecimiento de los hospitales, informar sobre la persona a la que se busca o aportar datos, cuestiones sobre ellas.

¿Podrá reconstruirse Chile? se preguntan algunos, y la respuesta parece ser que más que por el dinero y los recursos invertidos, será por el espíritu e ímpetu que esta sociedad ha mostrado tener a lo largo de la historia. Chile entonces se volverá a levantar.




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